Opinión
“¿Adiós Navarrete?”
¿Relanzar o ser relanzado? Carlos Navarrete Ruiz resolvió el dilema que enfrentaba, a raíz del resultado electoral del pasado 7 de junio, de la peor manera. Ante una rebelión en ciernes, que se traduciría en un extrañamiento público a su gestión durante la plenaria del Consejo Nacional, que tendrá lugar este fin de semana, el presidente nacional del PRD decidió quemar las naves y anticipó que su permanencia en el cargo dependerá de la decisión de ese órgano deliberativo.
“Al puesto no se renuncia, pero tampoco voy a aferrarme al cargo, como si fuera inamovible”, definió ayer, “pondré a disposición del Consejo Nacional el cargo. Démosle una sacudida al árbol, una sacudida en serio, para que haya una renovación que valga la pena”.
Y de un plumazo, quiso cambió la narrativa de la disputa al interior del sol azteca. Ya no habrá balance sobre el desempeño de la dirigencia encabezada por Navarrete, ni una explicación por el cúmulo de yerros e incorrecciones de las semanas recientes.
Navarrete no será cesado. Si este fin de semana le niegan el voto de confianza al que ha emplazado a los consejeros perredistas, se irá sin mayor debate o rendición de cuenta, satisfecho por los votos cosechados y los cargos políticos conquistados en las elecciones del 7 de junio. ¿Así de fácil?
El PRD –presume– logró 4.3 millones de votos; 61 curules en la Cámara de Diputados, una gubernatura y 140 alcaldes en 17 entidades donde hubo elecciones concurrentes a la federal.
“Hicimos la tarea, libramos el huracán y trajimos a puerto seguro el barco del PRD. No zozobró cuando enfrentamos el peor reto político y electoral y la peor fractura de la izquierda en la historia”, insistió.
Con las encuestas levantadas por Votia y la “información de inteligencia” remitida por sus comisionados políticos en todo el país, la dirigencia nacional del PRD encabezada por Carlos Navarrete Ruiz estableció los parámetros que definirían la evaluación de su desempeño, en función de los resultados que esperaban obtener en las elecciones del 7 de junio. Eran tres escenarios posibles, a saber:
El escenario optimo: levantar 15% de la votación en la elección federal y colocar 70 diputados federales en San Lázaro, además de erigirse en la primera fuerza política en Morelos, Tabasco, Oaxaca y el Distrito Federal y donde hubo elecciones locales concurrentes, recuperar la gubernatura de Michoacán, refrendar la de Guerrero y colocar 180 alcaldes. Este resultado despejaría cualquier duda, respecto del partido político que representa a la izquierda en México.
El escenario intermedio: conseguir cuatro millones de votos –o el equivalente al 12% de la votación nacional– y una de las nueve gubernaturas en diputa; la bancada en la Cámara de Diputados podría estar integrada hasta por 60 legisladores y el PRD sería gobierno en 120 ayuntamientos.
El escenario “catastrófico”: caer debajo del 9% de la votación –o tres millones de sufragios–, no ganar gubernaturas y quedar solo con 40 diputados federales.
La expectativa era igualar el resultado de las elecciones intermedias del sexenio calderonista, en el 2009, cuando el PRD logró 12.6% de la votación nacional y 70 diputados federales. Pero el entorno era adverso, no solo por las pugnas internas o las sospechas de infiltración del crimen organizado derivadas del caso Iguala. “Todas las adversidades pasaron por nuestro partido”, resumió Navarrete recientemente, “las políticas y las de imagen pública se sumaron a la confrontación de nuestros adversarios y a los acontecimientos que nos cimbraron externa e internamente”.
El 7 de junio, el PRD superó su escenario intermedio con 4.3 millones de sufragios pero apenas alcanzará 11% de la votación nacional. Solo ganó en cinco de los 500 distritos electorales de mayoría y la gubernatura de Michoacán. Con esos votos llevarán 61 diputados pluris a San Lázaro.
“Salimos raspados”, lamenta Carlos Navarrete, quien puede presumir de apadrinar a 142 nuevos alcaldes, 22 más del escenario que había calculado, en el intermedio, “el PRD resistió el vendaval, sacó fuerzas de su historia, de su gente, de sus candidatas y candidatos, de sus dirigentes, hicimos un gran esfuerzos que no puede ser echado al caño del desagüe (sic)”.
Unas por otras, dice Navarrete Ruiz. El PRD dejó de ser la fuerza hegemónica en el Distrito Federal y Morelos, pero se convirtió en el partido más votado en Tabasco y en Oaxaca.
Sin liderazgos de alto reconocimiento social –léase Cuauhtémoc Cárdenas o Andrés Manuel López Obrador–, el partido del sol azteca sigue siendo el principal partido de izquierda, pero MORENA casi lo iguala. Y ambos disputan con el PVEM el espacio de la tercera fuerza política nacional.
Los ejercicios de evaluación dentro del PRD se vieron detenidos, a petición de Navarrete Ruiz, quien llamó a cerrar filas. El plazo de gracia expiró el pasado 20 de julio. En el Estado de México, por ejemplo, la cúpula partidista realizó un ejercicio de evaluación que derivó en un voto de censura a la directiva que encabeza Omar Ortega, a quien criticaron su pasividad y su negativa a defender al partido frente a las presuntas irregularidades cometidas por el resto de los institutos políticos.
Navarrete Ruiz pondrá su “propuesta de transformación profunda” a consideración del pleno del Consejo Nacional este fin de semana. En caso de que obtenga el aval de ese órgano deliberativo –la corriente Nueva Izquierda, de la que forma parte el dirigente guanajuatense, controla dos tercios–, acudirá al Congreso Nacional, que deberá sesionar antes del 15 de septiembre de conformidad con el mandato de la autoridad electoral.
Hasta entonces –antes, resulta imposible– podría convocar a una nueva elección para definir a la dirigencia nacional del PRD.
EFECTOS SECUNDARIOS
GALARDÓN. El premio Mahalanobis, que entrega el Instituto Internacional de Estadística, este año fue para el ex presidente del INEGI y ex secretario de Desarrollo Social, Carlos Jarque Uribe, quien recibe un reconocimiento a sus contribuciones al desarrollo de la estadística teórica y metodológica y a la modernización de los sistemas a nivel mundial. El actuario Jarque Uribe presidió la Comisión Mundial de Estadística de las Naciones Unidas y trabajó en el Banco Interamericano de Desarrollo antes de regresar a México.
HOJA DE VIDA. Dice el currículum de Miguel E. Basáñez, entregado por el ex subsecretario de América del Norte, Sergio Alcocer, en Washington D.C. “Director de Proyectos de Investigación Especial y Educación de la Escuela Fletcher de la Universidad Tufts, ayudó a introducir el uso de las encuestas de opinión para las elecciones mexicanas, como encuestador de la Presidencia de la República. Fue procurador de Justicia del Estado de México y el Jefe de Gabinete en la Secretaría de Energía (1980-1988). Fue Presidente de WAPOR (1999-2000), director general de MORI) de México (1988-1996), MORI Internacional (1996-2000) y Global Quality Research Corporation (2000-2008). Estuvo como profesor visitante Fulbright en la Universidad de Michigan y recibió su doctorado en Sociología Política por la London School of Economics”.
Por: POR ALBERTO AGUIRRE / Columna SIGNOS VITALES / Correo electrónico: alberto.aguirre@outlook.com / http://www.elarsenal.net
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