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Opinión

Detener a Trump: ‘Ahora o nunca, Señor Presidente

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Con los resultados de la investigación de la CIA que dejan en claro que Rusia intervino en las pasadas elecciones para favorecer al candidato republicano, Donald Trump, el actual presidente de Estados Unidos, Barack Obama bien se podría haber movido y arrestado a Donald Trump acusándolo de traición a la patria.

Last week, President Obama gave his last press conference of his tenure and during questions afterward he spoke at some length about the Electoral College. He referred to it as “a vestige” of our founding era. He diverted attention from the issue by saying if Democrats had truly done their jobs, the electoral college would have been a non-factor and delivered Ms. Clinton to the White House. I was disappointed by these comments.

A vestigial organ is one that is insignificant, clearly not the case here. Ms. Clinton won the popular vote by nearly 3 million votes, despite agressive voter suppression in many places, foreign influence by Russian tampering, and many failing, decrepit voting machines in the midwest, where about 80,000 votes in Pennsylvania, Wisconsin, and Michigan, were all that seperated Ms. Clinton from an electoral victory as well as a popular one. The Electoral College was the single most determinitive aspect of the outcome that placed Mr. Trump as the president-elect.

Pero esto no es un capitulo de “Game of Thrones” y para bien o para mal, Estados Unidos le dio la espalda a Europa desde su independencia de Inglaterra, y con ello a las lecciones de historia que siglos de intrigas maquiavélicas en las cortes podrían proveer. A pesar de lo que vemos dramatizado en series como “House of Cards”, hay en Washington fronteras que no se cruzan. Ya no hablemos de una acusación de traición a la patria, sino que ni siquiera aquellas que estarían todavía dentro de los límites de lo legal. De estas ultimas se han hablando mucho esta semana.

Oficialmente las elecciones de Estados Unidos no concluyen hasta que el Colegio Electoral declare al ganador este lunes 19 de diciembre y hay un movimiento para prevenir que lo hagan a favor de Trump. Una de las opciones, que es totalmente legal, fue sugerida por Michael Cannon, un columnista del diario Washington Post. La idea es que Hilary Clinton libere a los 232 delegados que le corresponden para que le den su voto a cualquier miembro del partido Republicano que sea de su elección—se supone que alguien que esté más calificado y sea menos extremista que Trump. Aun así, faltarían 38 votos y un grupo de electores Republicanos esta promoviendo que efectivamente se le nieguen a Trump para que no llegue a la presidencia.

Entre los posibles candidatos estaba, por ejemplo, John Kasich, gobernador de Ohio y ex candidato a la nominación por el partido republicano y respetado por ser muy moderado y él declinó la oferta; como seguramente harán otros. Y es que Kasich, al igual que toda la clase política estadounidense, piensa que la democracia es un valor que no se canjea. Por mucho que el presidente electo parezca una amenaza para la humanidad, hay una tradición, usos y costumbres más que las leyes mismas, que se consideran la esencia misma de Estados Unidos, como un país donde se respeta y defiende el voto popular o electoral y las reglas del juego por encima de otra cosa. Además el pueblo mismo esta en su mayoría en contra de lo que llaman “sore loser” (mal perdedor). Las instituciones están por encima de cualquier circunstancia por extrema que sea. De hecho, recurrir a cualquier maniobra para desacreditarlas seria caer en la típica excusa de los tiranos para quienes siempre “el fin justifica los medios”.

Las esperanzas de que Obama mismo diera su visto bueno para lo que se estaba cocinando en el Colegio Electoral, se vinieron abajo el viernes en la que sería su ultima conferencia de prensa. Obama si aceptó que el Colegio Electoral que le había dado el triunfo a Trump era un vestigio del pasado, igual dijo que si los Demócratas hubieran hecho bien su trabajo, eso no hubiera obstaculizado la llegada de Hilary Clinton a la Casa Blanca. Palabras difíciles de aceptar, pero dignas de un verdadero estadista.

   /  COLUMNASDESDE WASHINGTON  /  elarsenal.net

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