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Opinión

El penúltimo pase de magia de Fidel

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Anciano, muy enfermo, despojado de toda mística revolucionaria por esos pants Adidas con que sustituyó sus charreteras militares, Fidel Castro sigue, sin embargo, dándonos pases de magia: ahora logró que su hermano Raúl se robara la Cumbre de Panamá haciendo creer que Cuba va a cambiar.

Por un lado, Raúl Castro provocaba los encabezados más optimistas desde la caída del Muro de Berlín: “El photo finish de la Guerra Fría en América Latina”, “Queda atrás el conflicto que dividió América”, “Obama: No seremos prisioneros del pasado con Cuba”.

Por el otro, llevó agentes para golpear a los disidentes que participaron en los foros sociales de la Cumbre. Y su justicia decomisaba 100 millones a la empresa canadiense Tokmakjian bajo cargos de “fraude” y apresaba a los empresarios Jean-Louis Autret, de Francia,  y Stephen Purvis, de Reino Unido.

Y dejaba claro que todo será como él diga. “Es posible que hoy discrepemos en algo en lo que mañana podamos estar de acuerdo”. Lo mismo que advirtió al anunciar con Obama el restablecimiento de las relaciones diplomáticas: que respeten su comunismo y él respeta la democracia.

Ningún gesto a cambio de todo lo hecho por Obama:

–Retirar a Cuba de la lista de los países que patrocinan el terrorismo para que acceda a millones de dólares de “apoyo” de organismos internacionales.

–Inicio de vuelos hacia la isla desde diferentes puntos de Estados Unidos, en un aflojamiento notorio del embargo.

–Autorización de la expansión de ventas, exportaciones de bienes y servicios de Estados Unidos a Cuba.

Este “deshielo” ha puesto en éxtasis a académicos, articulistas, políticos y politólogos de más de medio mundo, en la creencia de que Cuba se abrirá al mundo y hará concesiones políticas para que sus ciudadanos alcancen libertades individuales y de empresa.

Sí, están emocionados, porque el sistema cubano aguanta un análisis emocional, con sus argumentos autocompasivos del embargo; pero no soporta un análisis racional: la tercera parte de los cubanos vive fuera y el 55 por ciento de quienes viven en la isla quiere irse.

El análisis emocional de Cuba captura a muchos y la llena de virtudes, pero el análisis racional la coloca en la horizontalidad de una pobreza donde todos los ciudadanos son iguales, olvidando que el ser humano es competitivo por naturaleza y esa igualdad es un insulto.

La única igualdad que puede existir en el mundo es aquella sensación que siente un ciudadano cuando cobra un sueldo que resulta acorde al esfuerzo que realiza. Esa sensación es la que necesitan sentir los cubanos. Pero justo es lo que les niega el hombre que se robó el show en la Cumbre de Panamá.

Y su hermano en La Habana.

POR  / elarsenal.net

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