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Opinión

El resbalón del Peje con las Fuerzas Armadas

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Es un axioma decir que Andrés Manuel López Obrador se perfila como uno de los más sólidos aspirantes a la presidencia de la República. En todas las encuestas encabeza las preferencias electorales de cara al 2018.

El hombre va solo, aunque por debajo de la mesa se construye  un TUCLO (Todos Unidos contra López Obrador) cuya formación puede acelerarse luego de las elecciones del Estado de México, Coahuila y Nayarit.  

No se entiende entonces el desbocado lenguaje que El Peje utilizó en sus críticas al operativo de la Marina en Tepic, Nayarit, que eliminó a los líderes de lo que queda del Cartel de los Beltrán Leyva: el H2 y el H9.

No parece lo más conveniente para el líder de Morena distanciarse de las Fuerzas Armadas. Es el precandidato con mayores posibilidades de ganar. No necesita sacar raja política de un hecho en el que murieron 14 personas.

Andrés no tuvo el cuidado de corroborar si era cierto que entre los muertos había menores, antes de soltar esa versión. Ya se conoce la lista. Ninguno tenía menos de 21 años. Todos eran sicarios al servicio de los capos.

El Peje utilizó la palabra “masacre” para describir el operativo. El término no gustó en las fuerzas armadas. Induce a pensar que los sicarios que protegían al H2 fueron ejecutados en forma sumaria. No es el caso. 

En la Marina no saben de donde sacó López Obrador que había menores, pero subrayan que estaba obligado a verificarlo. 

En cualquier caso, nos dicen, “eran sicarios que disparaban y no se les va a pedir la credencial del INE para verificar la edad”, revira la fuente.

En las instancias de Seguridad Nacional no pasó desapercibido el comentario del hombre de Macuspana en el sentido de que en su gobierno no habrá masacres.

“A nosotros no nos gustan los muertos. A lo mejor el tiene un plan más inteligente. Si lo tiene que lo diga”, comentaron mandos militares con sarcasmo.

Dos últimas de inteligencia militar:

1.- Al Chapo lo detuvo la Marina en un par de ocasiones. No se disparó un solo tiro. A diferencia de los Beltrán –acuérdese de Cuernavaca- Guzmán Loera utilizaba el dinero  -no las balas- para tratar de fugarse.

2.- Después de la caída del Chapo, el narco más poderoso del país es Nemesio Oseguera, alias el Mencho, líder del Cartel Jalisco Nueva Generación. Es también el más buscado.


El operativo de Tepic fue producto de un meticuloso trabajo de inteligencia. Marinos fueron contratados como albañiles, pero en realidad vigilaban la guarida de lo capos. Sabían de entradas y salidas de la casa donde fue abatido el H2.

“Nos constaba que estaban allí. Sabíamos que eran muy violentos”, nos dijo un mando de las fuerzas armadas.

El carácter violento de los líderes del cartel de los Beltrán la ilustro la fuente con dos ejemplos. Los narcos no hicieron el menor caso al llamado de “¡ríndanse!”.

Pudieron evadirse por la parte trasera de la casa, pero en lugar de eso eligieron enfrentarse a la Marina y resistir en espera de refuerzos que nunca llegaron.

Se apostaron en la parte de arriba de la casa del H2  –lo que les daba ventaja sobre  los marinos en tierra—y  comenzaron a disparar. Utilizaron incluso granadas.

Eso llevo a los marinos a pedir la ayuda del helicóptero Black Hawk –y no ruso, como se dijo- para desalojar la  azotea de la casa refugio del capo. Lo que se logró.

Inteligencia militar no sabe de donde sacó López Obrador que había menores, pero nos hace notar que estaba obligado a verificarlo.          

***  

Muy atrás quedó el juego de cortesías y elogios mutuos que caracterizó la relación de México con Cuba en los tiempos del fallecido presidente José López Portillo, admirador declarado de Fidel Castro.

Muy lejos también los tiempos en que México se distinguió por ser el único país latinoamericano que no siguió los dictados de Estados Unidos de romper  relaciones con la Cuba de Castro.

De entonces para acá hay episodios que han distanciado a los gobiernos de los dos países, que en la segunda mitad del siglo XX se declaraban hermanos.

El famoso “comes y te vas” de Vicente Fox al comandante Fidel Castro amplió la distancia que había empezado a darse con La Habana en tiempos de Ernesto Zedillo.  

El regreso del PRI al poder, en 2012. Trajo un recalentamiento de las relaciones entre ambos países.

El mismísimo presidente Peña llegó a calificar al extinto Fidel Castro, durante las exequias del comandante, de “faro y guía” de la humanidad.

Todo parecía volver a la normalidad, pero ayer se registró un nuevo incidente que podría traer consecuencias diplomáticas.

Al ex presidente Felipe Calderón no lo dejaron entrar a Cuba. Iba como invitado al homenaje que se ofreció al fallecido líder de la oposición al régimen de los Castro,   Oswaldo Payá, muerto en un extraño accidente automovilístico en la provincia de Bayamo, en el 2012.   

“Lamento que estas cosas sigan ocurriendo. Si esto pasa conmigo, imagino que pasará con los cubanos que anhelan su libertad”, escribió Felipe en su cuenta de twitter.

El ex mandatario panista pidió a La Habana “rectifique este absurdo”.

Uno de los más indignados por lo ocurrido era el periodista cubano radicado en Mexico, Rubén Cortes, director del Diario La Razón.

”Imagínate que dejarán para los simples cubanos. Eso no se puede permitir. Es un ex presidente”, nos dijo el también colaborador de El Arsenal, Diario Digital.

Felipe no fue el único “non grato”. La ex ministra chilena, Patricia Aywlin, hija del ex presidente de ese país que restableció relaciones con Cuba, ni siquiera pudo abordar el avión que la llevaría a la Isla.

A los periodistas cubanos independientes Sol García Basulto y Henry Constantín Ferreiro, se les  impidió viajar desde Camagüey a La Habana para asistir al homenaje.

 Y eso que Fidel ya no es de este mundo.

Por Francisco Garfias.  /  ARSENALCOLUMNAS  / elarsenal.net

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