Opinión
Empieza la caída de la máscara de PEMEX
La salida de Carstens lo dije, se produjo evidentemente ante la imposibilidad de parar una crisis inflacionaria que hace tiempo no se padecía.
Y no quiero abonar a las cifras falsas que manejan las autoridades hacendarias incluso las del Banco de México, las mentiras patrióticas a las que nos tienen acostumbrados a los mexicanos, para que se padezcan los males pero no se analicen.
Que sea más fácil creer que uno es el perturbado que aceptar que la realidad hace tiempo, disparó ese indicador tan preciado de los econometristas que es el índice inflacionario, por el que pretenden medir la capacidad de estabilidad económica y financiera del país.
Los demagogos sin capacidad de entendimiento o más bien pretendiendo montarse sobre la crisis, señalan que el desabasto de la gasolina, por ejemplo es consecuencia de las reformas.
Los exégetas del gobierno le echan la culpa a la transición del gobierno estadounidense: el factor Trump, que adecuadamente les sirve como antes el viejo argumento de las etéreas “condiciones externas” nunca clarificadas, de lo que concluían que las soluciones no eran del resorte de los que gobiernan y que tampoco estaría en sus facultades haber parado la crisis que las originaría, afirmaban que esos fenómenos eran sencillamente imparables y provocados desde afuera.
Siempre salían con la baba, de que si les da a Estados Unidos un resfriado a nosotros nos daba pulmonía.
Una vez difundidas las versiones de las mentiras oficiales y de los opositores con franquicia oficial también, la verdad se diluye y nadie sabe lo acontecido, ese es el viaje repetitivo que se ha suministrado a los ciudadanos. El tiempo y la desinformación hacen su papel.
Pero todo lo que parece ser confuso en el país, pronto se va desvelando y hay elementos de las crisis que no son sino procesos en su etapa final, donde ya no se puede esconder lo mal hecho y sobre todo lo hecho con irresponsabilidad y mala fe.
Y el caso de PEMEX es uno de esos casos en el que la enorme empresa no termina de derrumbarse debido a su monstruoso tamaño y al más grande todavía, mito que se ha construido a lo largo de la historia contemporánea de México.
Una empresa “familiar” porque los trabajadores y muchos cuadros gerenciales provienen del sindicato y de las facultades patrimonialistas de éste sobre PEMEX, en donde los familiares gozan de prerrogativas, más allá de las condiciones igualitarias constitucionales, que se suponen aplican a las empresas del estado mexicano.
Las aberraciones administrativas y financieras han sido si no un secreto, un muy discreto cajón de beneficios para enriquecer a sujetos de toda laya, que se han beneficiado de obras y servicios, donde se han erogado miles de millones de pesos en exploraciones sin resultados, compras y arrendamientos a costos altos, proyectos que jamás se pondrán en practica y pingues comisiones en las abultadas deudas que tiene la empresa..
Sueldos y prestaciones a discreción, siempre repartidos por los amos del sindicato, que hasta la fecha dicta las llamadas malamente “negociaciones”, mediante el sistema de agandalle con el grupo de mando que han nombrado los presidentes en turno: toma uno y yo dos, en un botín que pareció en décadas pasadas inagotable, y que lo único que produjo fueron altos impuestos que no se reinvirtieron en ninguna rama productiva, sino se destinaron a la mayor parte de la recaudación impositiva, que terminó creando burocracias a diestra y siniestra y programas electorales que les llaman “sociales”, que no son otra cosa que padrones para corromper a los más pobres o a los pobres “oficiales”, los que acreditan esa condición como forma profesional de subsistir.
Y por eso no terminaron las refinerías, porque los burócratas de alto rango no se pusieron de acuerdo en servir de intermediarios de algunas empresas y no de otras; y porque la intermediación de la compra y venta de gasolinas importadas, tenían sus concesionarios, que por debajo del agua, untaban las comisiones para repartir con los directores, los jurídicos, algunos técnicos y los familiares de los presidentes siempre ávidos para atracar a los mexicanos.
Y más aún porque la petroquímica fue abandonada por las razones de las comisiones externas y porque los beneficiarios de los productos derivados, nunca pusieron un peso para elevar las oportunidades tecnológicas de sus concesiones, y aunque gozaban de monopolios como el amoniaco, tan simples como eso, solo se dedicaron a amasar fortunas de personajes siniestros que en la primera etapa de los repartos ni los presidentes se dieron cabal cuenta de los seudo empresarios procreados, vía la corrupción para exaccionar los productos.
PEMEX hizo ricos a miles, aunque según esto le pertenecía a los millones de mexicanos.
Las reformas, como siempre tardías cuando los depredadores habían acabado con producciones enteras como el maravilloso Cantarell; llegaron por lo menos cuarenta años después de cuando se necesitaban, que era cuando se hubiera consolidado un esquema mixto, empresarial y público con técnicos que en verdad tuvieran los arreos morales que México requería.
Así una vez con las reformas extemporáneas, ya no tendrían razón para seguir con un teatro de costos inimaginables. El escenario rumbo al vacío y la debacle empieza.
La pobre empresa ora monolítica, ora dividida, ayer nacionalista, hoy abierta; siempre en las manos inadecuadas, parece que toca a su fin. Porque ni la corrupción, ni la quiebra por el elevado pasivo laboral y la carga fiscal eran desconocidos desde siempre. Hoy ya no se puede echarle la culpa a nadie, lo que se señala es fuera de lugar y tiempo; la culpa es, de la desidia de nosotros los mexicanos, que seguimos tolerando los liderazgos corruptos, sus prácticas y la mentira de algo que debería habernos interesado en su momento.
Que se le va hacer, muchas cosas que pudieron ser productivas fueron a parar al bote de la basura, ésta ruina empresarial es la mayor en la historia de México, y aún en la peor condición se le sigue mintiendo al ciudadano, el mismo que no entiende cómo de la noche a la mañana la gasolina, en muchos lugares desapareció y todavía, le digan que para el año que entra PEMEX tendrá su punto de equilibrio, dicen, claro siempre y cuando se haga como que los intereses de las deudas no existieran.
Por Jorge Miguel Ramírez Pérez. / COLUMNAS, GEOPOLÍTICA / elarsenal.net
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