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Opinión

¡Entre lo derecho y lo justo, a tiende a la justicia!

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El tema de dar a cada uno lo que le corresponde como concepto de justicia parece sobre pasado cuando existen elementos en los que, a quien se le condena por una pena no pudieron defenderse con todas sus capacidades intelectuales perfectamente fluidas, fundadas o claras; lo que suele pasar al tratarse de menores, de incapaces físicos o mentales, o personas que requieren un traductor por hablar una lengua materna distinta al español.

Cuando hablamos de justicia hemos de explicar si se trata de una interpretación mundana o divina, de la que muchos somos creyentes, pero sobre todo hemos de aclarar que lo justo o no sobre las acciones que son juzgadas por instituciones no es un tema que pueda ser opción o por gusto ser aplicada o dejarse de hacer, si no por el contrario es tarea de distintas dependencias y personas quienes crean la norma y aquellos que deben aplicar la ley, que en el fondo busca la justicia.

Si en un momento de su vida debe seleccionar entre lo derecho y lo justo créame que siempre la justica es la mejor opción, pues mientras lo primero hace alusión en lo sustantivo a los documentos que normal la legalidad de un país, es decir una constitución y su estructura, normas y leyes, lo segundo es la aplicación pura, es enjuiciar al culpable con pruebas fidedignas, con testigos certeros y con un proceso impecable, que no estamos, ni tendríamos por qué estar lejos de lograrlo, teniedno en cuenta que nos facilitaríamos la vida con solo respetarnos y no faltarnos, no entrometiéndonos en lo ajeno, salvo que no sea como entes solidarios, aplicándonos en la sobriedad, en la razón y la sensibilidad. Pero debido a que eso no sucede y que la vida humana presenta entre cada hombre y mujer distintos caracteres y temples es que la ley y el Estado de derecho han de ser guardados bajo la escrupulosa justicia.

Cierto es que, si la vida nuestra fuera en paz, y el respeto fuera imperante, no habría necesidad de normas escritas, pero como ya se ha dicho la pluralidad exige aclarar que es lo correcto y lo incorrecto y como a sabiendas de que los hechos traen consigo consecuencias legales por conocimiento u omisión, los terrenales nos volvemos infractores desde lo común hasta lo grave. Podríamos recomendar leer la ley y actuar conforme a ella, reforzar el amor propio, a los demás, la familia y la patria, sin embargo, las situaciones mentales, económicas o sociales al parecer nos hacen blancos fáciles de las tentaciones y agresiones naturales que lejos de permitirnos actuar con cautela y serenamente por impulso nos hace recordar cual semejantes somos a otros seres vivos con un mayor grado de salvajismo.

La justicia no es una opción, es el bien superior del hombre y la mujer, así lo establece la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos y su acceso pronto y expedito que parece olvidarse entre la burocracia es quehacer de quienes la aplica. Si ha dejado de creer en las leyes y su contenido le invito a darse la oportunidad de conocerla a fondo e interpretarla y acudir a la dependencia gubernamental de la que requiera servicio y al pedir ser atendido la invoque. El primer libro que debemos conocer, no por gusto si no por civismo y cultura, debe ser la carta magna, de tal suerte que el infractor sea consiente del merecimiento de la pena y haga conciencia del mal hecho y quien esté libre acto ilegal no intente caer en la transgresión.

Si usted sea permitido leer estas letras y su dedicación es la atención de víctimas, por favor sea escrupuloso al atender a quien fue victimado, pues las y los impartidores de justicia sin sensibilidad son igual que una trompeta sin boquilla o un control remoto sin pilas. No deje de creer nunca en que el mundo está de píe por los justos; hombres y mujeres que se conducen de forma legal y hacen porque les nace de la justicia una forma de vida para crear un sistema de vida fundado en el constante mejoramiento de México.

Arena suelta   /  Por Tayde González Arias 

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