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Opinión

Gasolinazo, entre falacias y crudas realidades

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Comenzamos el año con la primera crisis, de varias que se avecinan: el gasolinazo. Han aumentado las gasolinas (Magna y Premium) y el diésel y, tras este aumento, es esperable que se eleve el precio de venta de muchos bienes y servicios que se encuentran íntimamente vinculados con tales combustibles. Es lo esperable.

Por supuesto que la gente se inconforma ante esto, es lo normal. Y por supuesto, también, que la clase política se alborota tratando de sacar el mayor provecho posible. Así es la política: los errores del contrario y/o las coyunturas aciagas son pólvora deseable para los cerillos de las ambiciones.

Pero el asunto del gasolinazo también ha sacado a relucir el bajo nivel analítico de la oposición política, especialmente de MORENA y del PRD, partidos que de inmediato asociaron maquiavélicamente el gasolinazo con la Reforma Energética promovida por Peña Nieto como parte de las reformas estructurales de inicio de su sexenio.

El pensamiento falaz de MORENA y el PRD

Como ustedes bien saben, una falacia es un argumento que, pese a parecer válido, no lo es en realidad. Es un engaño que pretende vestirse de certeza. Pero se necesita ser muy cauto para detectar y rechazar las falacias.

Aparte de sus aspavientos y declaraciones estridentes, MORENA y el PRD han hecho gala de una falacia muy común en el campo de la economía, a saber: la falacia post hoc, ergo propter hoc, que en latín significa “si sucede después de esto, luego se debe necesariamente a esto”. Se trata de una falacia de falsa causalidad. ¿Quieren saber más al respecto? Consulten: Nordhaus y Samuelson, Economía, McGraw-Hill.

Así, pues, MORENA y el PRD han procedido mentalmente de esta forma: como el gasolinazo se dio después de la aprobación de la Reforma Energética, entonces es un efecto de la Reforma Energética. Ambos partidos políticos han hecho una falsa asociación causal sólo por el hecho de que una cosa (el gasolinazo) siguió a la otra (la Reforma Energética) en la línea del tiempo.

La idea es tramposa y vulgar, porque son dos asuntos separados, aunque ambos estén relacionado con el petróleo y sus derivados.

Detrás del gasolinazo podemos hallar varios factores. Entre los principales están: a) descenso del precio internacional del petróleo, b) descenso de la producción de PEMEX, c) devaluación del peso con respecto al dólar, d) importación de gasolinas pagaderas en dólares, e) deficiente distribución de gasolinas sobre el territorio nacional y f) aumento estacional de la demanda de gasolinas (siempre es así a fines de todos los años).

Así de simple. E insistiré en que el estallido del gasolinazo le hubiera sucedido a cualquier persona que hubiera ocupado la Presidencia de la República en este sexenio, del partido que fuera.

Y, claro, de inmediato salen las voces populistas y demagogas, sobre todo desde MORENA, para hacernos creer que con una política estatista se hubiera podido contener el precio de las gasolinas e, incluso, hacerlo descender, como por arte de magia.

La liberalización del precio de las gasolinas y del diésel es una medida dura e impopular, sin duda, pero es la menos cruda. ¿Alguna opción? Bueno, seguir subsidiando tales combustibles a través del aumento de impuestos o del aumento de la deuda pública. Así que, de todos modos, terminaríamos pagando el pato.

¿Es menos pernicioso el mecanismo que acaba de entrar en vigor este primero de enero? ¡Sin duda!… porque el aumento lo absorberán directamente los consumidores en las gasolineras y no toda la masa de los contribuyentes a través de la política fiscal. Además no olvidemos que los subsidios a los combustibles benefician más a las personas con mayores ingresos, lo que es injusto para la masa total de los contribuyentes.

Problemas estructurales de la política energética (petrolera)

El problema, pues, no es la Reforma Energética, que, dicho sea de paso, apenas está en pañales. ¡Apenas se concluyó la Ronda Cero y se echó a andar la Ronda Uno, por favor!

No y mil veces no. En términos estrictos, los resultados de la Reforma Energética aprobada en 2013 podrán ser evaluados dentro de dos décadas, al menos y no antes, y eso si se cumplen los términos y los plazos establecidos por la propia reforma.

En México, debido a nuestro tercermundismo mental, no se nos da eso de pensar a largo plazo. Somos inmediatistas.

Y si nos pasan cosas como las que nos pasan, y que tanto coraje nos causan, es porque en México no se han tomado las medidas adecuadas en materia energética (petrolera) desde, al menos, los gobiernos populistas de Luis Echeverría Álvarez (1970-1976) y José López Portillo (1976-1982).

El despilfarro de recursos, la corrupción, las prebendas sindicales y la improvisación marcaron a estos gobiernos. Íbamos a “administrar la abundancia”, ¿se acuerdan? Pero la “abundancia” tuvo muy malos administradores, pero de veras muy malos: no se renovó a tiempo buena parte de la infraestructura de PEMEX, se consintió en exceso a un sindicato “charro”, se deterioró la productividad, no se invirtió lo suficiente en el área de investigación y desarrollo (I&D), se perdió competitividad a nivel mundial, se contrajo deuda pública de forma irresponsable para ampliar la infraestructura, se subsidió demasiado la gasolina, se le cargó mucho la mano a PEMEX como proveedor de recursos públicos, etc.

¿Consecuencias a largo plazo? El desastre institucional que hoy se está tratando de remediar a través de la Reforma Energética.

¿Con qué resultados? Imposible saberlo a ciencia cierta en nuestros días. Son asunto de mediano y largos plazos.

Como país, debemos ser muy conscientes de que desaprovechamos buenas oportunidades y coyunturas en el pasado, y de que los resultados de la Reforma Energética serán evaluables, por su propia naturaleza, varios sexenios adelante, y esto, además, si los próximos gobiernos se ciñen a la ruta trazada en el 2013.

Finalmente, es importante que en este país se eleve el nivel de debate público.

Eso de llamar a la población a paros, boicots, marchas, tomas de gasolineras, clausuras simbólicas, cierres de calles, etc., puede ser redituable mediáticamente, pero no ayuda en nada a la discusión de altura de la política energética de este país.

Se le puede reconocer al PRD que se haya levantado de la mesa del Pacto por México justo por el asunto de la Reforma Energética, específicamente, por el asunto de la consulta popular: claro, parecía pertinente dejar que la población decidiera qué tipo de reforma quería tras un período sensato de debates públicos.

Se le puede reconocer a MORENA su intención de defender un proyecto energético sustentado en empresas públicas como baluarte del desarrollo nacional, pero parecen descabelladas e infantiles sus ideas para recuperar el terreno perdido por PEMEX a través de varias décadas.

La teatralidad electorera no ayuda, en nada, a este país. Ojalá las fuerzas políticas eleven el nivel de debate.

   /  CIUDADANO CEROCOLUMNAS  /  elarsenal.net

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