Opinión
Gasolinazos
Cierto: el aumento al precio de la gasolina permitirá que, por primera vez, comience aquí la competencia en el mercado que tanto se elogia que exista, por ejemplo, en Estados Unidos.
Y, como allá, las gasolineras darán descuentos contra su propio margen en los precios que ofrecen.
Desde el punto de vista del mercado, esto se puede entender porque así funciona. Lo que resulta difícil de comprender son dos cuestiones:
1.- Que el actual gasolinazo haya coincidido con un desabasto de combustible en las estaciones despachadoras, sin antecedentes en los últimos tiempos, con filas extensas de coches y personas con envases plásticos.
2.- Que el actual gasolinazo exponga de manera fehaciente al Presidente, una de cuyas banderas para promover su gobierno ha sido justo la promesa de que no habría aumentos de precios a la gasolina.
Porque la explicación oficial al desabasto es pueril: que es provocado por la presencia de tomas clandestinas, lo cual disminuye la presión en la red de distribución de combustible y causa que de manera automática se cierren las válvulas.
¡Por favor! Las tomas clandestinas es parte de nuestro paisaje desde hace muchísimo tiempo. ¿Entonces por qué no ha habido desabasto antes? El argumento no es creíble y, en todo caso, nos ubica como un país en el que no hay gasolina porque se la roban y el Estado es incapaz de impedirlo.
Por supuesto que el robo sí se puede combatir y, en la amplia mayoría de los casos erradicarlo. En cambio, era previsible hasta para economistas de cuarta categoría que resulta imposible para el Estado mexicano mantener estables los precios a la gasolina.
De ahí que el Presidente nunca debió ser tajante en su promesa de que no habría más gasolinazos, como el 4 de enero del 2015, cuando dijo: “Gracias a la Reforma Hacendaria, por primera vez en 5 años, ya no habrá incrementos mensuales a los precios de la gasolina, diésel y gas LP”.
Incluso, en su mensaje de Año Nuevo rumbo a 2016, expreso que “esta baja inflación refleja los beneficios de las Reformas Estructurales, que eliminaron los gasolinazos y el cobro de la larga distancia nacional; y redujeron el precio de la luz, la telefonía e internet”.
Ahora, la palabra del Presidente quedó comprometida sin necesidad: la situación actual era previsible desde todos los puntos de vista, pues a partir del 2015 se dejó de fijar un precio único y comenzó a establecerse un precio máximo.
De poco sirve la explicación de que aun con gasolinazo, aquí la gasolina sigue siendo más barata que en casi todos los países de la región, según GlobalPetroPrices: Uruguay, Chile, Cuba, Brasil, Argentina, Guatemala, Nicaragua, Honduras, Perú.
Deben aprender que la palabra del Presidente tiene un valor.
Por Rubén Cortés. / COLUMNAS, MESA REVUELTA / elarsenal.net
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