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Opinión

Gobierno carcomido Gobierno carcomido

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El gobierno federal atraviesa su más grave crisis en lo que va del sexenio. La confianza que en las urnas pudieron haber depositado a favor del PRI de Enrique Peña Nieto los votantes en los comicios de 2012, hoy luce muy lejana, así como su credibilidad.

Pero además, hoy también está en tela de juicio su capacidad para la gobernabilidad, y sobre todo para brindar seguridad a los ciudadanos.

En estas últimas semanas, todo le ha salido muy mal al gobierno federal. Las protestas de los estudiantes del Politécnico continúan, y sus peticiones –que son bastante razonables-, no han podido ser procesadas hasta buen puerto aún. Así, el conflicto se alarga y las clases siguen pendientes.

El papel que en un primer momento jugó el secretario de Gobernación, reconociendo al movimiento estudiantil, y prometiendo soluciones expeditas y sin represalia alguna, pronto se diluyó ante las complicaciones internas del Politécnico, sumadas a factores externos –pero no ajenos-, como lo es el caso Ayotzinapa.

La crisis del Politécnico fue mal manejada políticamente luego de la salida de la escena de Osorio Chong, y aún peor operada en términos de comunicación, con una muy pobre participación de la SEP como agente que brinde seguridad a las negociaciones, y que esté ahí para dar la cara y confianza.

Pareciera que la SEP esperaba que las cosas se resolvieran solas, sin su intermediación, tratando de no meter las manos en lo más mínimo, lo cual ha sido un grave desacierto del gobierno federal, con malas consecuencias para su imagen en general.

En este conflicto privó el egoísmo, ya que hubo mayor preocupación por parte de algunos funcionarios de la SEP por cuidar su imagen propia o la del gobierno, que por destrabar las cosas, mejorar la educación, y abonar a que las clases puedan continuar, y las peticiones justas encuentren soluciones en el menor tiempo posible.

Y si el conflicto del Politécnico no era nada superficial, la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa fue algo que puso totalmente en jaque al estado de derecho en el que supuestamente vivimos. En cualquier país civilizado, el presidente (y no sólo el gobernador), hubiera tenido que renunciar de inmediato.

La desaparición de los estudiantes daña el corazón de México, daña los derechos humanos, violenta la educación, y muestra el grado de putrefacción de las policías, de las instituciones municipales y estatales, de su corrupción, de su cercanía con el crimen organizado, además de revelar el nivel de complacencia de algunos partidos políticos a la hora de elegir a sus candidatos.

José Mujica, el presidente de Uruguay, dijo hace dos días a la revista Foreign Affairs, en referencia al caso Ayotzinapa, que México, visto a la distancia, “da la sensación de ser una especie de Estado fallido con poderes públicos que están perdidos totalmente de control, están carcomidos”. Así de claridoso es Mujica, y tiene toda la razón.

Es lamentable –y totalmente inaceptable- que el gobierno mexicano no sea capaz de organizar ni siquiera su propio gabinete, en el que muy pocos funcionan razonablemente bien, y que las familias tengamos que sufrir las consecuencias de la corrupción e incompetencia de autoridades tan a menudo coludidas con los criminales. Ante esto, el “ya me cansé” del procurador, es ridículo: si eso lo dice él, ¿qué podemos decir los ciudadanos, luego de no ver resultados en seguridad y justicia, en desarrollo, en educación, en salud?

A la mitad de estas dos crisis, el presidente decide viajar a China, y unos días después, llega un escándalo más: el de la llamada “Casa Blanca” de las Lomas, la propiedad de Angélica Rivera, que según investigaciones de Aristegui Noticias, tendría un valor de siete millones de dólares, lo cual equivale, aproximadamente, a 91 millones de pesos, y que fue edificada por Grupo Higa, empresa que resultó ganadora en la licitación del tren México-Querétaro, y que en tiempos de Peña Nieto como gobernador del Estado de México, construyó también obras.

El hecho de que la propia Angélica Rivera saliera sola a dar la cara en este asunto ha sido sin duda un error más de estrategia de comunicación de Los Pinos. El episodio derivó en un sinfín de críticas, memes y hasta parodias en video, que circulan en las redes sociales, y no logró convencer a nadie.

Una oportuna encuesta nacional telefónica de Grupo Reforma muestra que tres de cuatro consultados, dudan de la veracidad de las explicaciones del presidente Enrique Peña Nieto y de su esposa Angélica Rivera, en torno a la llamada Casa Blanca, su propiedad en las Lomas. Es decir, la confianza de las familias en Los Pinos está totalmente a la baja, y su credibilidad en caída libre.

Además, 71% de los encuestados observa un conflicto de interés de la señora Rivera en la compra de esa casa, debido a que fue construida por una empresa inmobiliaria de un contratista del gobierno. Y venderla tampoco soluciona nada.

Y por si todo lo anterior es poco, la propuesta de Presupuesto de Egresos de la Federación (PPEF 2015) del Ejecutivo, venía con serios recortes a educación, campo, cultura y deporte…

Al menos el Grupo Parlamentario del PAN en San Lázaro -léase la buena operación del diputado Jorge Villalobos Seáñez, integrante de las Comisiones de Hacienda y Crédito Público y de Presupuesto y Cuenta Pública- logró arreglar las cosas y dar un aliento a los mexicanos, al elevar por 18 mil 440 millones de pesos la deprimente propuesta del gobierno, quedando al final un presupuesto de 4 billones 694 mil 677 millones de pesos.

En tanto, analistas financieros esta misma semana han declarado que consideran que la estimación de crecimiento de la economía nacional ha bajado de un 2.77 % hasta un 2.1% para 2014.

Así las cosas, los problemas se suman ante un gobierno sin credibilidad y poco confiable, la inseguridad para los ciudadanos sigue siendo el gran pendiente en todo el país, la corrupción no disminuye (urge aprobar la propuesta de un Sistema Nacional anticorrupción con dientes,

independiente y ciudadano), y los escándalos por excentricidades y cosas superfluas del gobierno llenan las páginas de los diarios.

En qué poco tiempo los mexicanos estamos constatando una vez más lo que siempre hemos sabido del PRI como gobierno, todo aquello que aprendimos de niños y jóvenes, y que hoy sigue ahí.

Ante esto, no queda sino refrendar una vez más la necesidad de gobiernos con credibilidad, en los que sí podamos confiar, honestos, transparentes, que rindan cuentas, que combatan la corrupción en serio, que brinden seguridad a las familias, que promuevan la paz y la unidad. Falta mucho por hacer. Sumemos esfuerzos. Es la hora de luchar.

POR  / www.elarsenal.net

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