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Opinión

Lo que yo hubiera hecho, señor Presidente

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Señor Lic. Enrique Peña Nieto.

Presidente Constitucional de los Estados Unidos Mexicanos.

PRESENTE.

En su alocución nocturna al pueblo de México, la del pasado jueves 05 de enero del 2017, usted pretendió justificar su impopular medida relativa al aumento del precio de la gasolina y del diésel; medida que entró en vigor el primer día del año que recién comienza.

En medio de su exposición amañada sobre el estado de las finanzas públicas, usted nos encaró y nos preguntó: “¿Qué hubieran hecho ustedes?”.

Responderé a su pregunta, pero antes haré algunas reflexiones sobre su forma de proceder como titular de la Presidencia de la República, como titular del Poder Ejecutivo Federal de los Estados Unidos Mexicanos.

Como el político y el gobernante que usted es, debería saber que gobernar es una ciencia y un arte.

Para gobernar un Estado, no cabe duda de que mucho importa la sensata aplicación del conocimiento científico al alcance de la mano. Por esto, gobernar es una ciencia.

Pero también importa, e importa mucho, saber aplicar el conocimiento científico con la prudencia que reclama cada una de las coyunturas políticas, en aras de mantener la gobernabilidad del Estado. Por esto, gobernar es un arte.

Es una pena que, al parecer, usted no haya entendido esto.

Un buen gobernante debe, en consecuencia, apelar a la razón y a la prudencia, al mismo tiempo. Cosa que usted no hizo.

Le pondré un ejemplo clásico de la historia moderna.

Jacques Necker (1732-1804) fue un famoso economista suizo que, en distintos períodos (1776-1781 y 1788-1790), fungió como asesor financiero y ministro del monarca francés Luis XVI, quien recurrió al conocimiento experto de Necker para resolver el déficit público de su reinado; déficit que se derivó de una vida cortesana de despilfarro y de un reparto muy desigual de la carga impositiva, entre otras cosas.

Necker estaba influido por el espíritu de la Ilustración, y sabía mucho de ciencia tanto como de gobernabilidad. Por ello, recomendó al monarca francés que, en su plan de estabilización de las finanzas públicas, no tocara las áreas más sensibles de la subsistencia del pueblo francés, porque ello podría suponer una catástrofe política y social de gran envergadura.

La gran enseñanza de Necker fue: hay que cuidar las finanzas públicas tanto como la gobernabilidad política y la paz social de imperio francés.

Por ello, y entre otras cosas, Necker le recomendó el monarca cuidar mucho el precio y el abastecimiento del trigo, producto esencial para la producción del pan, alimento de primer orden del pueblo francés. Incluso recomendó y aplicó medidas para garantizar que cada súbdito del monarca Luis XVI tuviera acceso a la apreciable e infaltable harina de trigo. A ésta hoy le llamaríamos “artículo de primera necesidad”.

Pero el monarca, empecinado en la defensa de sus privilegios e insensible ante el clamor popular, antes de comprender lo obvio prefirió despedir a Jacques Necker. Y este acontecimiento puede ser considerado el verdadero inicio de la Revolución Francesa.

Necker sabía de economía y de finanzas, ni duda cabe. Pero también sabía del arte de gobernar. Cuando el monarca le restó importancia a las necesidades, demandas y preocupaciones más profundas del pueblo francés, desató a los caballos bravos que terminaron por defenestrar definitivamente a la monarquía francesa.

Señor Presidente, Enrique Peña Nieto: ¿le suena familiar este relato?

Lo diré breve, crudo y directo: la medida que usted tomó con respecto al aumento de las gasolinas es científicamente correcta, pero políticamente imprudente. He aquí su error.

Los mexicanos entendemos que las finanzas públicas están mal, que el subsidio a las gasolinas beneficia más a los sectores más pudientes de la sociedad, y que la liberalización del precio de los combustibles es un paso previo y necesario para una libre competencia que, en el mediano plazo, puede operar a favor de los consumidores.

Sí, podemos comprender bien estos argüendes de la macroeconomía y de la política fiscal.

PERO, su medida es políticamente imprudente en estos momentos. ¿Por qué?

  1. Porque la economía de la inmensa mayoría de las familias mexicanas ya ha sido muy castigada en los últimos lustros.
  1. Porque la clase política (que usted muy bien representa) vive el peor de sus desprestigios, por sus aviesos patrimonios y sus siniestras relaciones.
  1. Porque los contribuyentes ya están hartos de pagar los lujos de la burocracia pública (incluidos los organismos públicos autónomos).
  1. Porque varios ex gobernadores de su propio partido (PRI) son muestra inequívoca de la corrupción y de la impunidad.
  1. Porque, en ocasiones, el crimen organizado y las autoridades públicas parecen ser lo mismo.
  1. Porque, ante el magnate electo Donald Trump, su Presidencia confundió “cortesía” con “abyección”.
  1. Porque hasta nuestras fuerzas armadas se sienten agobiadas por sus “impropias” tareas policíacas.
  1. Porque la gente ya está hasta la madre de que ustedes se la pasen nombrando como funcionarios públicos a sus propios cuates, quienes cínicamente declaran que llegan a los cargos “a aprender”.
  1. Porque muchos presidentes (muchos de su propio partido, el PRI) dejaron que PEMEX se deteriorará al grado de perder liderazgo mundial, hasta dejarnos en la inopia que hoy vivimos.
  1. Porque muchos gobernantes federales y estatales, como usted, no han dudado en aumentar la deuda pública para pagar contratos multimillonarios a contratistas sexenalmente consentidos.
  1. Porque muchos gobernantes, como usted, se quejan a destiempo de las políticas que aplicaron otros gobernantes.
  1. Porque usted tiene el peor nivel de popularidad de toda su gestión.
  1. Porque el triunfo de Donald Trump en los EEUU puede generar mayores presiones económicas sobre millones de hogares mexicanos.
  1. Porque hasta quienes votaron a favor del “gasolinazo” (PAN) están buscando la forma de revertirlo.
  1. Porque quienes, como usted, dicen querer combatir la corrupción, han tomado decisiones que obstaculizan un eficaz sistema nacional anti-corrupción.

Y podría continuar, pero con esto es suficiente.

Así, pues, señor Presidente, la coyuntura no está a su favor. El timing político no es oportuno. Usted se equivocó.

Y, para colmo, sale usted a decirnos en cadena nacional que sin el aumento a la gasolina muchos programas sociales quedarían en ascuas. Linda su lógica: ¡hay que fastidiar a la población general con el “gasolinazo” para poder ayudar a los jodidos a través de los programas sociales!

Caray, señor Presidente, ¿quién le escribió ese pésimo guión?

Y otra: ahora usted se preocupa por no endeudarnos más, cuando su gobierno ha incrementado la deuda pública de modo descomunal, al pasarla del equivalente al 36.4% del PIB (2012) al 50.5% del PIB (2016); mucha de ella contraída para pagar obra pública dudosamente asignada a contratistas consentidos.

¡Y ahora se preocupa usted por no endeudarnos más! ¡Caray!

No, señor Presidente, sus argumentos fueron muy malos y su imprudencia ha sido evidente.

Por ello, ante su pregunta sobre qué hubiéramos hecho nosotros, le respondo claramente, incluso dentro del marco de la Reforma Energética:

  1. Con fundamento en el artículo transitorio Décimo Cuarto, fracción I, inciso b), de la Ley de Hidrocarburos, que le confiere al Presidente la facultad de establecer, mediante acuerdo, los precios máximos a las gasolinas y al diésel hasta el 31 de diciembre de 2017, yo hubiera establecido un aumento a dichos combustibles de no más del 5% para efectos del año fiscal 2017, o, de plano, hubiera reinstrumentado la política de aumentos mensuales marginales que aplicó su antecesor, Felipe Calderón.
  1. Con fundamento en la Ley de Transición Energética (reformada, de ser necesario), yo hubiera impulsado fuertemente la introducción de empresas privadas en el mercado energético para la instalación de paneles solares en hogares y empresas con miras a la generación de energía eléctrica sustentable y limpia, aunque esto pueda suponer la quiebra de la Comisión Federal de Electricidad (CFE) en el mediano plazo.
  1. Yo hubiera aplicado estímulos fiscales para la industria automotriz a efecto de que se acelere la producción, distribución y comercialización de automóviles híbridos y eléctricos, para que la industria automotriz deje de estar perversamente vinculada al consumo de combustibles fósiles, que son contaminantes y muy volátiles en precio.
  1. Yo hubiera convocado al sector empresarial para que el marginal aumento de los combustibles no impactara el precio de los productos de la canasta básica.
  1. Yo hubiera procedido a la cancelación de raíz de la “guerra contra las drogas”pasando a legalizar absolutamente todas las drogas, con el propósito de dejar de gastar tanto dinero público de forma tan irresponsable y estúpida. La “guerra contra las drogas” es, claramente, una estrategia de desinversión, porque cada vez nos demanda más recursos públicos para obtener menos resultados positivos. Al legalizar totalmente el mercado de las drogas, dejaríamos de gastar dinero público a lo tonto y podríamos recaudar más impuestos por las actividades económicas de producción, distribución, comercialización y venta de drogas.

6.-Yo hubiera mandado al Congreso de la Unión una iniciativa de ley para despenalizar el aborto a nivel nacional, a objeto de que las clases bajas dejen de incurrir en el círculo vicioso de la pobreza; para que las familias depauperadas dejen de reproducirse de forma irracional e irresponsable y, de este modo, los programas sociales de veras redunden en beneficio de los más pobres, porque, hasta ahora, sólo han servido para contribuir a la perpetuación de la miseria por no poner atención al factor demográfico de la misma.

Y ya con esto, señor Presidente, porque tampoco le pienso hacer su tarea. Usted cobra mucho y hace poco, así que aplíquese.

Así, pues, señor Presidente, y para concluir, le reitero que su medida con respecto al incremento del precio de la gasolina y del diésel es técnicamente correcta pero políticamente imprudente. Reconvenga, pues, por el bien del Estado Mexicano.

Aún está a tiempo, señor Presidente, de entender un concepto fundamental dentro de la ciencia y del arte de gobernar: el concepto de GOBERNABILIDAD.

Saludos y que tenga feliz año.

 

Por Carlos Arturo Baños Lemoine.  /  CIUDADANO CEROCOLUMNAS / elarsenal.net

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