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Opinión

México hoy: la división y la confusión

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El huevo de la serpiente empollado durante el plantón de Reforma en 2006 descascaró en unas diferencias políticas entre los mexicanos que, 11 años después, pareciera que nada en este mundo es capaz de reconciliar: ni las razones de la patria, ni las razones del Estado, ni la libertad de la democracia.

Uno de los ejemplos más fehacientes fue la marcha anti-Trump, del 12 de febrero, organizada en todo el país por “Vibra México”: la polarización política entre los escasos miles de participantes no mandó el mensaje de unidad que se necesita ante la nueva administración de Estados Unidos.

La división política, el incordio social y la falta de solidaridad con los paisanos que se ganan la vida en suelo extranjero se hizo patente a pesar de que vivimos una de las grandes amenazas que ha sufrido el país en su historia, desde la pérdida de la mitad del territorio en 1848.

En la CDMX, la marcha se rompió: se manifestaron en contra de Trump, otros contra la pobreza, la corrupción, la impunidad e insultaron al presidente, olvidando que esos reclamos se pueden hacer cualquier día, y que el actual presidente es una figura que se va en dos años y la institución se queda.

“Desunión nacional”, un rotundo artículo publicado el mismo día de la marcha por Enrique Krauze, recordaba que la polarización nacional le costó a México aquel traumatizante recorte del país. Krauze citó José Fernando Ramírez, entonces ministro de Relaciones Exteriores, Gobernación y Policía:

Antes del conflicto con Estados Unidos, afirmó:

(Se dice que) la guerra extranjera salva la nacionalidad y consolida las instituciones de los pueblos agitados por las facciones”.

Después del conflicto, concluyó:

Todos, universalmente todos, se han conducido de una manera tal, que justamente merecemos el desprecio y el escarnio de los pueblos cultos. Somos nada, absolutamente nada, con la circunstancia agravante de que nuestra insensata vanidad nos hace creer que lo somos todo”.

Como sea, no jalamos parejo en la marcha anti-Trump del 12 de febrero. Pero tampoco el martes, cuando medio país negó el apoyo e insultó a Felipe Calderón, luego de que el gobierno de Cuba le impidiera entrar a la isla para participar en un evento de derechos humanos.

En el caso Calderón volvimos a olvidar que Felipe Calderón puede ser un nombre más, pero no así la investidura que ocupó: fue nuestro Jefe de Estado, presidente constitucional de la República gracias al voto directo y secreto que garantiza nuestra democracia.

Es justo lo que no están teniendo en cuenta aquellos que siembran los vientos de odio actuales que después se convertirán en tempestades.

Que la falta de solidaridad no favorecerá, nunca jamás, a la democracia.

Por Rubén Cortés  /  COLUMNASMESA REVUELTA  / elarsenal.net

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