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Opinión

Normalistas: lo que se ve no se juzga

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Vidulfo Rosales, el abogado de los padres de los 43 normalistas, se opone a que el “Héroe de la gasolinera” reciba la condecoración “Belisario Domínguez”, porque significaría “criminalizar” a los estudiantes, ya que la gasolinera se incendió durante una manifestación de éstos en Chilpancingo.

Pero la propuesta de condecorar póstumamente a Gonzalo Rivas es únicamente una causa noble impulsada por miles de ciudadanos, de humanistas y activistas sociales, en honor a un acto valeroso que salvo decenas de vidas.

Y “criminalizar” es una palabra que sólo usa en este asunto Vidulfo Rosales, quien es dado a hablar con ligereza, como cuando calificó de “indios piojosos” a sus defendidos, porque les gusta bañarse en los viajes que hacen al extranjero con fondos de procedencia desconocida.

Como sea, los normalistas se criminalizan solos. Por ejemplo, el ingeniero Gonzalo Rivas murió por quemaduras sufridas al apagar una bomba de gasolina, incendiada en un enfrentamiento entre normalistas y policías, de los que casi a diario provocan los estudiantes de Ayotzonipa, mientras roban camiones y tráileres.

Dentro de la escuela tienen una veintena de vehículos robados a líneas de autobuses y empresas como Bimbo, Coppel y hasta de la CFE. Además, tienen un deshuesadero en los que desarman los camiones robados y venden las piezas.

Hace poco quemaron la única ambulancia de Tixtla, lo cual provocó tres habitantes muertos porque no pudieron ser trasladados al hospital, y en el municipio sólo funciona la compañía de teléfonos que ellos les da la gana, porque impidieron a Movistar colocar una antena.

También dentro de la Normal almacenan, para su consumo y venta callejera, la mercancía saqueada durante sus manifestaciones: papitas, refrescos, dulces, pan, cajas de botellas de Pepsi de dos litros…, todo robado en el nombre del pueblo.

En el libro “Ayotzinapa y yo. Anecdotario (Editorial Los Reyes), Jaime Solís Robledo, rector de 1999 a 2000, habla de “alumnos cayéndose de borrachos; peleas sangrientas entre ellos; una degradación sexual cotidiana, pero acentuada desde los viernes hasta el domingo. Alcoholismo, riñas, robos y tráfico de mariguana”.

Agrega que “mucha gente se va con la finta de que los alumnos solamente faltan a clases durante sus movimientos, cuando trascienden los muros de la escuela y andan en son de guerra contra la sociedad en general; no es así. Esto los fines de semana es un burdel”.

Y “las inasistencias a clases son sistemáticas y permanentes. Las actividades académicas, deportivas y culturales, pasan a segundo o a tercer plano, pues constantemente salen al apoyo masivo o de asesoría a cualquier movimiento de inconformidad, sea educativo o de otra índole”.

Son sus propios hechos los que criminalizan a los normalistas.

Y lo que se ve… no se juzga.

 Rubén Cortés.  /     / COLUMNASMESA REVUELTA / elarsenal.net

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