Opinión
“Si gritas te meto un balazo…”
Ya me han asaltado tres veces en el Distrito Federal desde diciembre del 2011. Como que ya empiezo a dudar de que vivimos en una ciudad relativamente segura. Es mi terca realidad que se opone a las estadísticas oficiales.
En el primer asalto vaciaron mi casa. Se llevaron computadoras, relojes, dinero, una colección de monedas, entre ellas un par de centenarios.
Los ladrones aprovecharon que estaba en el hospital por una operación que se complicó y que obligó a los doctores del Instituto Nacional de Cardiología a llevarme a un “coma inducido” alrededor de una semana (no, no vi túneles, pero recuerdo vagamente pesadillas)
Se abrió una investigación que no llegó a nada. Con el tiempo y la mejoría de mi salud lo olvidé completamente.
El segundo fue a mediados del 2013, si mal no recuerdo. Ocurrió en la lateral del Periférico. Justo donde está la bifurcación con el Viaducto. Zona peligrosa. Zona minada. Tierra de nadie. El propio Miguel Mancera admitió, en charla posterior, los focos rojos en ese rumbo.
Esa noche no había una sola patrulla en los alrededores. Imposible no pensar en complicidades…
Las dos vías rápidas estaban cerradas por obras o mantenimiento No había de otra. Era la lateral o la lateral. Una emboscada.
Tres mozalbetes armados –ninguno llegaba a 20 años– nos cayeron en medio del embotellamiento nocturno. En el puño traía un bóxer. Intentó romper la ventanilla junto al asiento del piloto. Pegó varias veces. No pudo. De entre sus ropas sacó una pistola y apuntó a este reportero. “¡Abre la ventana cabrón…”! ordenó.
Con esos argumentos no lo dudé un segundo. La abrí. “¡El reloj! ¡El reloj!”, ordenó. Se lo di sin averiguar.
De mi cuello colgaba una medalla de plata con la virgen de Guadalupe que mi hija me coloco cuando estaba en terapia intensiva. Valor afectivo. Nada más. Un segundo chaval me la arrancó, a pesar de mis súplicas.
Los dos primeros salieron corriendo apenas lograron su cometido, Un tercero se quedó a exigir los celulares. Yo lo llevaba en la cintura. Tenía las manos en alto. No me atreví a hacer el movimiento por temor a que lo malinterpretara. “¡NO traigo! ¡No traigo! Le dije. Miró a Mónica y formuló la misma exigencia.
Se le veía muy nervioso. Gritaba más que los otros. De buenas a primeras desapareció. ¿Fue porque lo dejaron solo? ¿Por qué se le agotó el tiempo calculado? El caso es que desapareció sin los teléfonos, sin pedirnos la cartera, y lo mejor: sin lastimarnos físicamente,
Nos salió barato.
La gente en los otros coches solo miraba aterrada. Uno sólo se emparejo después del asalto para preguntar: ¿Están bien? No presenté denuncia.
* * *
El lunes pasado me tocó de nuevo. Era cerca de medianoche. Tenía apenas unas horas de haber regresado de Medellín, Colombia. Fui a cenar a La Condesa con una amiga. Era el fin de las vacaciones. Al terminar lleve a Lucila –así se llama– a su casa. Charlamos cuatro o cinco minutos dentro del vehículo. Algo temerario en esa zona de la Roma Sur.
De la nada salieron dos tipos con sendas fuscas. Cacha corta, cañón largo. Uno se fue del lado de la ventana de mi acompañante. Le pidió que abriera lo hizo. “¡Si gritas te doy un balazo!” le dijo
Del otro lado se produjo un ruido. Al voltear mi vista se topó con el cañón de la otra pistola. “¡Bájate!”, grito el ladrón. “Yo le obedecí”, para citar a la clásica Sonia López.
Antes pidió que encendiera el carro. Lo hice.
Miro el reloj de pulso que llevaba. Entendí… “Dame la cartera”, prosiguió. La abrí y, sin pensarlo, le pedí que me dejara sacar las tarjetas. Sin esperar las tomé. Dejo correr unos segundos hasta que soltó: “Apúrate o te mato…”
La di la cartera sin chistar.
A mi amiga la tenían contra el carro. No gritó, no dijo, no se apanicó. Le quitaron todo. Hasta su credencial del IFE. El tipo que la sometió la hizo a un lado y se sentó en el asiento del copiloto.
Cerró la puerta. Los dos salieron chirriando llanta.
Recuerdo que el doctor Mancera me dijo alguna vez que cuando me sucediera algo así lo tuiteara lo más pronto posible. Así lo hicimos en cuanto estuvimos en posibilidad. Llamamos al 066. Las patrullas no tardaron. Llegaron, tres o cuatro.
Los policías preguntaron lo mismo varias veces, ¿A qué horas fue? ¿Cómo sucedió? ¿Cuántos eran? ¿Cómo eran? ¿Por dónde llegaron? ¿Qué carro es? ¿Placas? ¿Color?
* * *
La delegación Cuauhtémoc, donde ocurrió el tercer asalto, es la más peligrosa de la Ciudad de México, según datos de la PGJDF publicados en agosto del año pasado.
En esa delegación está el Centro Histórico y el barrio de Tepito, pero también colonias tradicionales como la Roma o la Condesa.
Su índice criminal fue de 253.3 delitos de alto impacto por cada 10 mil habitantes en el primer semestre del año pasado. Le siguen Benito Juárez, Miguel Hidalgo, y Venustiano Carranza, según la misma fuente.
Un parámetro: a nivel ciudad, la tasa de delitos por cada diez mil habitantes fue 101.2 ilícitos de enero a junio de este año, o lo que es lo mismo, un promedio de 16.8 delitos al mes por cada 10 mil habitantes
Esta vez sí presente denuncia. Es indispensable para cobrar el seguro, pero también para combatir la impunidad.
* * *
Las alarmas sonaron ayer por la mañana en avenida Benjamín Franklin. La encuesta sobre preferencias electorales publicada por el Diario Reforma coloca a Morena en empate técnico con el PRD en la Ciudad de México, bastión del amarillo desde 1997.
Ambos partidos de izquierda traen un 24 por ciento en la intención de voto.
El PRI se lleva un 15 por ciento y sus aliados del Verde apenas un 5 por ciento, un punto debajo de ¡Encuentro Social! Que tiene un 6 por ciento en la intención de voto.
Xiúh Tenorio, candidato de PRI-PVEM, nos hizo notar que si se confirma en las urnas esa correlación de fuerzas en la capital de la República. , ningún partido tendría la mayoría en la próxima Asamblea Legislativa, que esta perfilada para ser Asamblea Constituyente una vez que se apruebe la Reforma Política del DF.
Sin mayoría en la ALDF hay bronca para el doctor Mancera.
* * *
Un amigo nos pasó la grilla. Fue a merendar al Capital Grille. Llego a las seis de la tarde. Nos escribió a las siete con veintitrés minutos por una escena que le llamó poderosamente la atención. En la mesa de junto charlaban muy animados el empresario Joaquín Vargas, socio mayoritario de MVS, y Javier Corral, senador del PAN.
Nada tendría de extraordinario este encuentro si no fuera porque Corral dijo en la tribuna del Senado que la decisión de MVS de presidir de los servicios de Carmen Aristegui había dejado a los radioescuchas matutinos en la “orfandad informativa”, y que esa empresa había cedido a las presiones del gobierno federal.
POR FRANCISCO GARFIAS / Arsenal / elarsenal.net
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