Opinión
Trump para principiantes. ¿Porqué no cambiará?
Aunque muchos tengan una esperanza de que algo favorable suceda hay factores reales que no lo permiten, por más que se aferren y no vean lo que todos los días se demuestra.
Hace más de seis meses vengo escribiendo sobre el cambio geopolítico, un cambio mayor en el sistema mundial que se viene gestando. El propio Zbigniew Brzensiski, ex asesor de seguridad nacional de James Carter y estratega de los que gobernaron Estados Unidos 28 años, desde el primer George Bush, hasta Obama; ya lo temía. Y desde abril del año pasado pronosticaba en la revista The American Interest, que Estados Unidos dejaría de ser la potencia imperial mundial y ante el inevitable caos global, se debía promover un realineamiento político en el orbe. Y eso que todavía Trump ni siquiera se asomaba.
Los sistemas políticos no son eternos. El maestro Karl Deutsch decía que cuando el sistema agotaba un estadio de tácticas inservibles, necesitaba de un nuevo estadio filosófico, que replanteara los objetivos con nuevas estrategias.
Y sencillamente el poder mundial de los Estados Unidos se agotó tal cual es. Porque una excesiva compulsión por controlar todo, los llevó a cambiar las prioridades, los compromisos y tirar a la borda los acuerdos en vez de seguir en conflictos cada vez mas complicados, con contradicciones de fondo y sobre todo muy onerosos.
Pero un sistema dañado por sí solo, impactaría en una crisis si esta no es controlada. Por eso la teoría de los shatterbelts, los cinturones de seguridad, es la que aplica, porque este paradigma, indica que antes de tirar las murallas deterioradas, hay que construir primero otras que las contengan.
El antecedente reciente, para no ir tan lejos con las similitudes históricas del imperio romano o las más cercanas del británico del siglo 19, es la puesta en marcha del proyecto Golgotha, impulsado por Andropov, ante los análisis prospectivos de la KGB, que indicaban 10 escenarios ineludibles que iban a colapsar a la inmensa coalición socialista. Desde 1983, se tomaron decisiones geopolíticas que culminaron con el gobierno de Gorbachov, quien reventó la vieja coalición socialista, lo que explica su nombramiento por el soviet supremo.
Porque los sistemas repito, no son eternos, tienen pertinencia o no la tienen. Y Estados Unidos, para comenzar a platicar, tiene una deuda que equivale a lo que puede producir todo el planeta durante tres años. Algo colosal y espeluznante: impagable en términos de pesos y centavos, pero que traducidos por ejemplo al tema de la seguridad, necesita más presupuesto como el que se planteó antier, porque cargan con un equipamiento militar viejo e inútil, el que a estas alturas resulta invendible.
Por eso fue significativo que en septiembre del año pasado, 88 altos mandos militares del ejército y la marina estadounidenses retirados o forzados a retirarse, le dieran su apoyo al entonces candidato Donald Trump, porque el criterio es que Estados Unidos es amenazado con colapsarse por presiones de lo más heterogéneo.
Porque Trump, no solo está contra M de estados Unidosático, con co0 sanciones, bloqueos e intervenciones en donde su modelo no era acptado sin restricciones, ha siéxico lo que no sería una sorpresa, para los que vemos mas objetiva la relación absolutamente nada idílica con el vecino; aparte de las fobias personales hacia nuestro país.
Sino que debe entenderse de una vez por todas que Trump está a favor de un modelo concéntrico, uno nacionalista a ultranza que ve a Estados Unidos aislado de todos y solo conectado en asuntos específicos de tipo bilateral.
En realidad está en contra de lo que el propio Estados Unidos, desde el final de la segunda guerra mundial, estableció como valores normativos en el mundo, con sus instituciones como la ONU y la OTAN, las que se quieren replantear. Y lo que a partir del fin de la guerra fría estableció como programa de su orden mundial: como la promoción de la democracia , el comercio internacional y los derechos humanos.
El proyecto es lograr la destrucción de ese modelo, dicho de manera elegante: una estrategia de deconstrucción. Esa estrategia es global y simultánea; lo que incluye cambios sustanciales en las relaciones con China, Rusia, la Unión Europea y el Medio Oriente, entre otros.
Con México comienzan con un modelo de presión creciente con propósitos diseñados de antemano como incumplibles: forzar el control no simulado de la frontera sur, el combate presencial de fuerzas binacionales contra los barones de la droga, dejar el TLCAN en los huesos y la intervención abierta en la política interna. Es decir aplicar todas las presiones posibles de manera permanente en el umbral amenazante de una ruptura de relaciones.
Y Trump tiene tres apoyos que seguirán comprometidos en esa deconstrucción: el político, el elitista y el militar: en el primer caso una importante base de ciudadanos que quieren cambios que, “les devuelvan la tranquilidad” por las guerras incomprensibles, el tráfico de drogas de las cuales muchos son adictos, no quieren ver maras en la calle y no quieren sufrir lo insoportable que se les hace que los mexicanos -porque para ellos todos los latinos lo son- progresen siendo de fuera. Trump llegó por la vena nacionalista perdida y a ella se debe.
Tiene también el apoyo de la élite que entiende que no se pueden extender más en estas condiciones, en las que otros magnates extranjeros crecen y les compiten. Porque el paradigma ahora les inconviene y deben restarse de todos los acuerdos comerciales, migratorios, tecnológicos, las autorizaciones nucleares y en sí, toda la basura de política internacional de simulación, sustentada en los organismos y burocracias que diseminaron en el mundo.
La élite estadounidense metió a Trump, igual que la nomenklatura soviética a Gorvy, para que Rusia sobreviviera. Para que haga el trabajo deconstructivo. Lo que refleja el doble discurso: por una parte los funcionarios de allá, con una verborrea de tipo racional, la única válida en la diplomacia; y de parte de su jefe, una mecánica agresiva deshumanizada.
El tercer apoyo son los intereses de las fuerzas armadas, que se hartaron de caer en bravatas, caprichos y alianzas por todo el orbe, sin ganar una guerra. Porque no han podido vencer en ninguna, solo la de Japón porque les echaron las bombas.
Incluso la segunda guerra mundial en Europa con Alemania, la ganaron los rusos,.
Tampoco pudieron vencer en las de: Corea, Vietnam, Afganistán, Bosnia Herzegovina, Irak, ni en Siria y menos pueden con la frontera. Que por cierto, con el muro, igual que el que construye de 911km. en estos días Turquía, para que no entren los sirios; le apuestan a impedir el paso masivo de potenciales refugiados mexicanos, porque con las presiones que van a desatar, el arribo de un tipo chavista como López Obrador y el mal manejo de los funcionarios de aquí, no dudan que se promuevan barruntos de violencia que se asemejen a una guerra civil.
Por Jorge Miguel Ramírez Pérez / COLUMNAS, GEOPOLÍTICA / arsenal.net
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