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Opinión

Vivir de los derechos humanos… y muy bien

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Hay una imagen que no se le quita de la cabeza a Emilio Álvarez Icaza: una mujer arrodillada ante el secretario de Gobernación, rogando ayuda para encontrar a su hija secuestrada. Eso dijo a El País el ya ex secretario ejecutivo de la CIDH.

Ah ¿no se quita esa imagen de la cabeza? Pues a decenas de capitalinos tampoco se les quitan de la cabeza los 177 expedientes que no atendió como Ombudsman del DF (2001-09) y muchos de los cuales está resolviendo apenas la actual presidencia de la CDHDF, que no se da abasto.

Álvarez Icaza recibió la CDHDF sin quejas desatendidas. Pero su morosidad fue el inicio del criminal estancamiento de expedientes de derechos humanos en la capital, ya que su sucesor, Luis González Placencia (2009-13) dejó en el escritorio seis mil 849.

Fue con él que los capitalinos conocieron la displicencia a los derechos humanos por parte de la figura del Ombudsman, según estadísticas de la Unidad de Transparencia de la CDHDF, en respuesta a una solicitud de información.

Pero su gestión no le interesa tanto como la situación actual de los derechos humanos en México: “Es muy fuerte la imagen de una ciudadana arrodillada ante su autoridad electa suplicándole que le ayudara, cuando es un derecho. Es demoledora y ejemplificadora de lo que pasa”.

Aunque es entendible que no pretenda hablar de su labor como Ombudsman, cuando se dedicó a gastar el dinero del presupuesto en acomodar a sus amigos y darse la buena vida de un gran rey de la burocracia.

Porque pagó a su secretaria particular, Laura Elena Gutiérrez Robledo, 71 mil 367 mensuales durante ocho años: un salario mayor a lo que en ese entonces percibían los secretarios del gabinete del GDF. Claro, y después se la llevó a la CIDH en calidad de “voluntaria”.

Por cierto, que en la CIDH también se dedicó a gastar a lo bruto los millones de dólares de las cuotas de los países miembros de la OEA: usó 82 por ciento del presupuesto para el pago de nómina y 18 por ciento para la  atención de casos.

Como presidente de la Comisión de Derechos Humanos del DF, Emilio Álvarez Icaza pasó 22 días exclusivos en Ginebra, 16 en París y siete entre ambas ciudades, con dinero de nuestros impuestos y como parte de sus relaciones públicas internacionales para amarrar la secretaría general de la CIDH.

Gastar, gastar, gastar dinero como gran rey de la burocracia, que fue lo mismo que hizo como Ombudsman capitalino, cuando no sólo se pagó una secretaria de 71 mil 367 mensuales durante ocho años, sino que  en total se pasó 118 días entre París y Ginebra.

También se dio tiempo para visitar Copenhague, Bruselas, Strasburgo, Estocolmo, Londres, Viena, Córdoba y Estambul, además de Washington, Chicago, Boston, Austin, Minneapolis, Otawa, Buenos Aires, Asunción, Ciudad de Panamá, Lima, Quito, Managua y Tegucigalpa.

Todo eso mientras ignoró aquí 177 expedientes de quejas por maltrato a los derechos humanos de los capitalinos: fue el inicio de una cadena de retardos que persiste siete años después: la actual gestión recibió 22 mil 993 quejas, y registran 7 mil 26 sin atender.

Revisemos: 177 expedientes rezagados, casi 80 mil pesos de salario a su secretaria durante ocho años, 118 días entre París y Ginebra… eso es apenas una parte del legado de Álvarez Icaza como defensor de derechos humanos en su país.

Oh, pero no olvida aquella imagen de la señora arrodillada. Y sí la de 177 familias cuyos casos abandonó…

Por irse a París.

POR   /  COLUMNASMESA REVUELTA /  elarsenal.net

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