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Medio Ambiente

El sitio de San Felipe los Alzati: paisaje, historia ambiental y arqueología en el oriente de Michoacán.

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Priamides en Zitácuaro

(Segunda entrega)

Por: Estela Dávila Peña. En la primera parte se planteó que el sitio arqueológico de San Felipe los Alzati puede comprenderse no solo como un conjunto arquitectónico del periodo epiclásico, sino como un paisaje históricamente configurado, resultado de interacciones prolongadas entre sociedades humanas, dinámicas territoriales y procesos ambientales. Desde la historia ambiental y la historia regional se argumentó la necesidad de ampliar la escala interpretativa del sitio, incorporando marcos historiográficos de larga duración que permitan situarlo dentro de debates más amplios sobre paisaje y patrimonio. A partir de este punto, esta última entrega profundiza en los aportes de la ecología histórica y en los debates internacionales sobre cambio climático y conservación patrimonial, con el fin de contextualizar el caso de San Felipe los Alzati dentro de discusiones contemporáneas que rebasan el ámbito estrictamente arqueológico.

Ecología histórica y paisaje arqueológico

La ecología histórica ha aportado herramientas conceptuales fundamentales para comprender los paisajes arqueológicos. Investigaciones de William Balée (1998) han demostrado que muchos entornos considerados naturales son, en realidad, paisajes antropogénicos, resultado de prácticas humanas acumuladas durante largos periodos. Esta idea ha sido reforzada por trabajos de la misma vertiente como los de Michael Heckenberger (2003; 2008), que evidencian formas complejas de manejo del entorno en sociedades prehispánicas.

Desde esta perspectiva, la vegetación que rodea y cubre parcialmente al sitio no puede interpretarse únicamente como un agente externo o disruptivo, sino como parte de un proceso histórico de transformación del paisaje. Esta lectura permite comprenderlo como un sistema dinámico, en el que arquitectura, entorno natural y memoria social se encuentran estrechamente vinculados.

Estudios etnográficos y arqueológicos como los de Gustavo Politis (1996; 2007) sobre los Nukak han mostrado que, para numerosos pueblos originarios, el paisaje constituye un componente central de la vida social y del conocimiento ambiental, reforzando la idea de que naturaleza y cultura no operan como esferas separadas.

Cambio climático, patrimonio y marcos internacionales: un debate de larga duración

La relación entre patrimonio arqueológico, paisaje y procesos ambientales no constituye un debate reciente. Desde finales del siglo XX, organismos internacionales y comunidades académicas comenzaron a señalar la necesidad de superar enfoques centrados exclusivamente en la conservación material, incorporando dimensiones territoriales, ecológicas e históricas en el análisis de los sitios arqueológicos.

Un hito histórico fue la adopción por parte de la UNESCO del concepto de “Cultural Landscape” (Paisaje cultural) en 1992, el cual reconoció que ciertos bienes patrimoniales solo pueden comprenderse como resultado de interacciones prolongadas entre sociedades humanas y entorno natural. Durante la década de los noventa, estos planteamientos se vieron reforzados por aportes provenientes de la historia ambiental y la geografía histórica (Cronon, 1991; Worster, 1997).

A partir de los primeros años del siglo XXI, el debate se amplió con la introducción del concepto de Antropoceno, formulado por Paul Crutzen y Eugene Stoermer (2000), que contribuyó a replantear la escala temporal desde la cual se analizan los impactos humanos sobre los sistemas terrestres, incluidos los paisajes arqueológicos.

En años recientes, estos planteamientos han sido retomados y actualizados en publicaciones institucionales que atienden específicamente los efectos del cambio climático sobre sitios arqueológicos. Un ejemplo es el artículo The impact of climate change on archaeological sites (UNESCO, 2025), el cual documenta cómo la fusión del permafrost, la erosión costera, las sequías y las inundaciones —fenómenos asociados al calentamiento global— están afectando contextos arqueológicos en diversas regiones del mundo. Señala, además, que estos procesos obligan a reconsiderar la relación entre conservación material y dinámicas ambientales, así como a integrar la arqueología en las políticas climáticas internacionales para enfrentar estos desafíos emergentes.

En el contexto arqueológico contemporáneo, el uso de tecnologías de prospección remota —como drones, fotogrametría, sistemas de información geográfica y LIDAR— ha sido presentado frecuentemente como una alternativa menos invasiva frente a la excavación tradicional (Chase et al., 2012; Opitz & Cowley, 2013). Estas herramientas permiten optimizar la localización de estructuras, megalitos, etc., y reducir intervenciones innecesarias; sin embargo, como ha señalado la teoría arqueológica desde hace décadas, toda excavación constituye un proceso intrínsecamente destructivo e irreversible del registro material (Carver, 1989; Lucas, 2001). La apertura de áreas excavadas, la exposición prolongada de estructuras y la modificación de la cobertura vegetal introducen alteraciones microclimáticas y ecológicas que reconfiguran las dinámicas del sitio y lo hacen dependiente de esquemas de conservación continua (Matero, 2008; Stanley-Price, 1995). En escenarios donde dichas acciones no pueden sostenerse institucionalmente, la intervención arqueológica —aun aquella apoyada en tecnologías avanzadas— puede contribuir a procesos de deterioro acelerado, fragmentando el paisaje y desvinculando el registro material de los sistemas ambientales que históricamente lo han sustentado (Smith, 2006; Harrison, 2015). Desde la historia ambiental, estas prácticas invitan a problematizar la idea de “no invasividad” y a reconocer que toda acción técnica sobre un sitio arqueológico puede entenderse como parte constitutiva de una transformación histórica del paisaje (Worster, 1997; Balée, 1998).

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Experiencias comparativas: área maya y paisajes monumentales

La literatura especializada ha distinguido los límites de los enfoques que conciben a la naturaleza exclusivamente como un factor de riesgo para los sitios arqueológicos, e invita a considerar su papel dentro de procesos históricos más amplios. Estudios desarrollados en el área maya han documentado cómo la cobertura vegetal y los procesos ecológicos han sido incorporados, en distintos momentos, dentro de esquemas de conservación que reconocen la complejidad del entorno.

En el caso de Tikal, investigaciones arqueológicas y de conservación han denotado que la selva circundante contribuye a la regulación microclimática del sitio, reduciendo la exposición directa de las estructuras a la radiación solar, la lluvia intensa y las variaciones extremas de temperatura (Coe, 1967; Sabloff, 1990; Sharer & Traxler, 2006).

De manera similar, estudios sobre Angkor han mostrado que la interacción entre arquitectura monumental, vegetación y sistemas hidráulicos forma parte de un paisaje cultural complejo, cuya estabilidad depende de la comprensión de los procesos ambientales de largo plazo (Evans et al., 2007; Fletcher et al., 2008). Estos trabajos no plantean la ausencia de manejo, sino enfoques que consideran al sitio arqueológico como un sistema abierto, en interacción constante con su entorno natural.

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San Felipe los Alzati en el presente: aproximaciones historiográficas

En años recientes, el sitio ha sido abordado desde aproximaciones historiográficas y de divulgación orientadas a documentar la memoria social asociada a las investigaciones arqueológicas y a la vida cotidiana de la zona. En este marco se inscribe el artículo de Dávila Peña (2022), basado en entrevistas con personas que participaron directamente en trabajos arqueológicos y labores de resguardo en décadas anteriores.

Desde la historia ambiental, estos materiales permiten observar cómo, tras la disminución de intervenciones directas, el sitio ha continuado su transformación mediante procesos naturales de regeneración vegetal, erosión y reconfiguración del paisaje. Diversos estudios han señalado que los periodos de baja intervención ofrecen condiciones analíticas pertinentes para examinar la respuesta de los contextos arqueológicos a escenarios ambientales cambiantes (Balée, 1998; Heckenberger, 2003).

Consideraciones finales

San Felipe los Alzati debe comprenderse como un paisaje histórico dinámico, cuya gestión y análisis requieren marcos de historia ambiental que superen la visión exclusivamente arquitectónica o material del patrimonio.

El enfoque de historia ambiental aquí propuesto permite ampliar el marco interpretativo desde el cual se analiza el sitio, incorporando dimensiones que, en los últimos años, han sido tratadas predominantemente desde marcos operativos antes que historiográficos. En un contexto marcado por transformaciones ambientales aceleradas y por la reducción de intervenciones directas en numerosos sitios arqueológicos, esta lectura contribuye a repensar las formas en que se construye conocimiento sobre el patrimonio, más allá de la lógica exclusiva de la intervención física.

Asimismo, situar al sitio de San Felipe los Alzati dentro de debates internacionales sobre paisaje cultural, ecología histórica y cambio climático permite desplazar la mirada desde enfoques locales o disciplinarios cerrados hacia marcos comparativos de mayor alcance. Esta perspectiva invita a considerar al sitio como parte de un paisaje vivo, históricamente configurado, cuya comprensión exige atender tanto a su pasado arqueológico como a los procesos ambientales y territoriales que continúan transformándolo en el presente.

Desde la historia regional, este trabajo busca aportar una reflexión que articule escalas locales y discusiones globales, subrayando la pertinencia de enfoques historiográficos capaces de dialogar con los desafíos contemporáneos del patrimonio sin reducirlos a soluciones inmediatas o unívocas.

Como se ha desarrollado, el análisis del sitio arqueológico, inscrito en enfoques globales sobre historia ambiental y ecología histórica, permite articular marcos teóricos de alcance mundial con procesos históricos regionales específicos, así como problematizar, desde una perspectiva histórica, las nociones de sostenibilidad asociadas a la gestión y transformación de los paisajes a lo largo del tiempo, sin diluir la singularidad del contexto local ni reducir el análisis a una aplicación mecánica de modelos externos, ya que el sitio no está detenido, se está transformando, con o sin decisiones explícitas sobre él. Y toda transformación implica una historicidad activa.

Fotos: Abimael Arana Monje

Primera Parte: https://mizitacuaro.com/noticias/zitacuaro/el-sitio-de-san-felipe-los-alzati-paisaje-historia-ambiental-y-arqueologia-en-el-oriente-de-michoacan/335279/

Referencias

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Coe, W. R. (1967). Tikal: A handbook of the ancient Maya ruins. University Museum, University of Pennsylvania.

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