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Opinión

Monarca Fest: El desafío de la mercadotecnia frente a la historia en la “Heroica” Zitácuaro

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Por: Sandra Ruiz / mizitacuaro

En la esfera pública, los símbolos son fundamentales. El reciente cartel de lo que históricamente ha sido la majestuosa Feria del 5 de Febrero, hoy presentada como un genérico Monarca Fest, parece ser el síntoma de una desconexión entre las tendencias actuales de promoción y nuestra identidad local. Esta imagen más que un diseño, se percibe como una señal de un distanciamiento con las raíces que nos dan identidad.

El riesgo de desdibujar la historia

Zitácuaro no es cualquier municipio. Ostenta el título de “Heroica” por la defensa de la independencia y el liberalismo. Su fecha emblemática, el 5 de febrero, conmemora la promulgación de las Constituciones de 1857 y 1917, hitos del triunfo liberal. Durante décadas, la feria actuó como el brazo festivo de un acto cívico esencial.

Sin embargo, el concepto de “Monarca Fest” plantea una interrogante sobre la preservación histórica de la celebración. Al omitir la referencia directa al 5 de febrero en el nombre principal, se corre el riesgo de priorizar la tendencia comercial sobre el valor educativo y de unidad. Se ha optado por un lenguaje de espectáculo que busca sonar “moderno” con el anglicismo “Fest”, pero que entra en conflicto con la solemnidad de lo “Heroica”.

Esta preocupación es compartida desde el ámbito académico. El historiador zitacuarense, el Dr. Moisés Guzmán Pérez, señala que —sin ser un experto en arte y diseño— la propuesta “no está a la altura de una Feria Centenaria como la del 5 de Febrero que se conmemora año con año en Zitácuaro”. Para el historiador, el nombre resulta ajeno: “‘Monarca fest’ me suena extraño desde el nombre; no me transmite nada… incluso atenta contra el legado histórico y cultural de los que nos sentimos orgullosos de nuestra Feria de Zitácuaro”.

Resulta contradictorio que se utilicen lemas de cercanía con la gente, mientras el diseño parece despojar a esa misma ciudadanía de su legado cívico para ofrecer un concepto de consumo rápido.

La cultura en la era del “fast-food” visual

El paso de “Feria” a “Fest” representa una transición compleja para la identidad local. La feria tradicional está arraigada en la tierra: evoca ganadería, artesanía mazahua y otomí, y al pueblo celebrándose a sí mismo. El “Fest”, en cambio, es un concepto importado y pasajero que parece buscar un impacto visual superficial, sacrificando a veces el sentido de pertenencia del zitacuarense.

El análisis del cartel refleja esta problemática. La mariposa monarca sin sus colores característicos, se presenta como un gráfico plano, rodeada de elementos genéricos que no narran la especificidad de Zitácuaro. La inclusión de la Virgen de los Remedios, bajo el argumento de un “origen histórico”, genera confusión: ignora que la feria original religiosa fue transformada deliberadamente en 1898 en una celebración cívica para honrar las Constituciones liberales, separándola de lo eclesiástico en un acto de respeto al carácter laico y republicano.

Además, el descuido técnico es evidente: en el logotipo oficial se percibe un watermark de “AI”, señal de que el diseño fue generado con inteligencia artificial sin una supervisión editorial rigurosa. ¿Es esta la calidad que merece la imagen de una ciudad heroica?

Incluso el calendario anunciado, del 5 al 22 de febrero, aunque busca extender el entretenimiento, termina por diluir el peso específico de la fecha cívica original en favor de una lógica de evento prolongado.

La inconsistencia en la “marca ciudad”

Un punto crítico es la falta de continuidad. Los cambios en la denominación del evento cada periodo impiden consolidar una marca turística sólida. Con el cartel de 2026, tenemos una propuesta que enfrenta dificultades para transmitir la majestuosidad de los santuarios y, al mismo tiempo, desdibuja el motivo cívico original.

Conclusión

Este cartel es una invitación a la reflexión. Cuando se prioriza la estética de un festival genérico sobre la carga histórica de nuestras fechas patrias, se corre el riesgo de que las nuevas generaciones ignoren por qué el 5 de febrero es fundamental en Zitácuaro.

La ciudad merece una fiesta que honre su apellido de “Heroica”. Merece una feria que sea vitrina auténtica de su cultura, no un “Fest” intercambiable con cualquier otro lugar. No se trata de rechazar la modernidad, sino de no sacrificar la esencia cívica y republicana por un diseño de moda o un logo artificial. Volemos juntos, sí, pero con raíces firmes.

Mizitacuaro

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