Opinión
El deportador en jefe
Es una lástima que el Estado y la sociedad mexicana no hubieran reaccionado con ímpetu ante las deportaciones masivas de mexicanos que realizó Obama. O al menos, no con el ímpetu con el que lo están haciendo ante las deportaciones masivas que promete Trump no sólo de mexicanos.
Es una lástima que el Estado y la sociedad mexicana no hubiesen reaccionado con ímpetu ante la construcción de más de mil kilómetros de muro en la frontera que levantaron Clinton, Bush y Obama. O al menos, no con el mismo ímpetu con el que lo están haciendo ante el muro que promete Trump.
¿Dónde estaban el Estado y la sociedad mexicana cuando Obama se convirtió en el deportador en jefe y expulsó, hasta el mes pasado, a dos millones 814 mil 235 mexicanos? Sólo por ser mexicanos. Porque el bien amado por todos Barack Obama no exigía otro requisito para echarlos de su país.
¿Dónde estaban el Estado y la sociedad mexicana cuando, desde 1994, los presidentes Clinton, Bush y Obama construyeron más de mil kilómetros de muro en la frontera, con iluminación de muy alta intensidad, sensores electrónicos, equipos con visión nocturna, camionetas militares y helicópteros artillados?
Está bien: nunca es tarde si la dicha es buena. De ahí que no deje de ser maravilloso cómo, gracias a Trump, el Estado y la sociedad mexicana se han movilizado juntos en defensa de nuestros connacionales y para impedir la construcción de cuando menos otros mil kilómetros de valla fronteriza.
Perfecto. Pero tampoco dejemos que el pasado desdibuje la memoria: Obama permitió la introducción de armas a México para el narco, el lavado de millones de dólares para los cárteles, instaló en el norte de México una base militar para interrogar a narcotraficantes, intervenir llamadas…
Ayer, por ejemplo, la cancillería anunció 11 acciones de la embajada y los 50 consulados en Estados Unidos para apoyar a los mexicanos que viven del otro lado, para evitar que sean víctimas de abusos y fraudes, con una línea telefónica directa gratuita disponible 24 horas.
Se trata de una iniciativa loable, en espera de lo peor para nuestros connacionales, a raíz de la advertencia de Trump: “Vamos a echar o encarcelar a quienes tengan antecedentes criminales, traficantes de drogas, miembros de bandas, podrían ser hasta tres millones. Los vamos a sacar del país. Están aquí ilegalmente”.
Es preferible prepararse para el peor escenario, y pensar que todos son mexicanos, pese a que Trump no lo aclare y que según el Instituto de Política de Migración sólo 820 mil, de 11 millones de indocumentados tengan antecedentes penales.
Aunque si Trump cumple su promesa, y si los tres millones fueran mexicanos…
Apenas estaría igualando la cifra del deportador en jefe.
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