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Opinión

Estar bien o estar mal, no depende de nadie más que de ti

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Las calles de la ciudad por donde transitamos los citadinos acompañados de nuestras mascotas a pié o en nuestros vehículos tienen un sentido que es indicado por una serie de flechas que dicen para donde es correcto y para qué lugar es ilegal pasar, lo que se busca es dar orden y generar una imagen urbana que favorezca la correcta convivencia de conductor y de transeúnte.

Cual sea la ruta por la que se quiera pasar se debe cuidar lo que es permitido y lo que no puede pasar por algún lugar, lo mismo ha de sucederle en la vida, en la que no solo hay zonas en las que podemos quedarnos estacionados y permanecer por largo tiempo, sino incluso para siempre, u otros lugares en donde solamente estamos de momento y debemos seguir la ruta del sendero. Si bien hay lineamientos que nos dicen cómo y de qué manera deben ser las cosas, como lo es una entrada o una salida, la ruta de acceso, la salida de emergencia o el punto de encuentro en caso de sismos, lo cierto es que para fortuna nuestra, tenemos la libertad de decidir en muchas ocasiones a dónde ir, o dónde quedarnos. Si nos agrada más el dulce o lo salado, la decisión del consumo de productos de nuestra preferencia  es tan libre como el pensamiento mismo, esa sensación de lo agradable es indispensable  para estar a gusto. Y estar bien es el status que de nuestra mayor satisfacción, que vamos por la vida buscando y queriendo encontrar de manera continua.

Muchas son las percepciones que podemos tener acerca de las cosas y de los estados que nos toque  vivir pero el sentido de pertenencia no cambia, somos hombres y mujeres de la comuna, que igual reímos e igual lloramos, y estamos expuestos al dolor lo mismo que a la felicidad, y dado que tenemos la libertar de decidor como queremos vivir, hacernos de herramientas como un buen carisma sin caer en lo meloso, servicial sin llegar al servilismo o amable sin ponernos de tapete, nos han de permitir poner nuestras propias flechas que le avisen a los demás que el sentido con el que se dirigirán con nosotros será con rumbo a la armonía, y a la buena vida.

Recuerdo haber estado en el país del norte, para ser más exactos en  la ciudad de Washington D.C. y por querer llegar directo al monumento del gran presidente Lincoln, tome una ruta equivocada y desde luego un oficial me llamó la atención y me pidió que volviera a la ruta correcta. Este ejemplo lo doy porque si en un país que habla un idioma distinto uno puede equivocarse de sentido y le llaman la atención lo mismo ha de suceder en cualquier sitio del mundo pero siempre se puede volver a la ruta correcta, las oportunidades que nos da la  vida son muy merecidas por mucho que digamos tener suerte o exclamar que no lo merecemos, seguramente algo hicimos bien, para que las oportunidades vuelvan a llegar y en ese sentido los seres humanos que nos creamos problemas, que culpamos a otros de nuestros mal carácter de la alegría o el llanto, debemos aceptar que nosotros; cada una y cada uno somos totalmente responsable del sentido que le demos a nuestras vidas, que no debe ser otro que el de la evolución, del progreso y el bienestar.

 

Por: Tayde González Arias  / Arena suelta 

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