Opinión
La hipocresía como deporte nacional
Un brazo solidario a mi amigo Héctor Gandini
Como presidente de la Comisión de Derechos Humanos del DF, Emilio Álvarez Icaza pasó 22 días exclusivos en Ginebra, 16 en París y siete entre ambas ciudades, con dinero de nuestros impuestos y como parte de sus relaciones públicas internacionales para amarrar la secretaría general de la CIDH.
¿Debía pasar tantos días en esas ciudades un ombudsman del DF? La actual, Perla Gómez, no ha ido de gira de trabajo a Europa en tres años de gestión, aunque al menos una vez a Ginebra se justificaría, por ser sede de la Comisión de Derechos Humanos de la ONU.
Pareciera que Álvarez Icaza lo único que hacía era viajar, sobre todo a París. En total se pasó 118 días entre la capital francesa, Ginebra y otras ciudades europeas, pero siempre procuró pasar por París.
O tiene complejo de Humphrey Bogart en Casablanca, cuando en el aeródromo se despide de Ingrid Bergman y le dice que “siempre nos quedará París”. Pero Álvarez Icaza no es un romántico, sino un hacedor de política con dinero del erario.
Dedicó básicamente su labor como ombudsman del DF (2001-09) a hacer amigos en los pasillos de las organizaciones internacionales, para ascender a la secretaría ejecutiva de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, que ocupa desde 2012.
Pues también viajó a Copenague, Bruselas, Strasburgo, Estocolmo, Londres, Viena, Córdoba (España), Estambul, Washington, Chicago, Boston, Austin, y Minneapolis, Otawa, Buenos Aires, Asunción, Ciudad de Panamá, Lima, Quito, Managua y Tegucigalpa.
No asombra que la CIDH (como otros organismos internacionales monopolizados por izquierdistas de caviar), sea un sindicato de amigos que se pagan favores. Por ejemplo, Álvarez Icaza gasta el 82 por ciento del presupuesto en salarios y sólo 18 por ciento a trabajar casos.
De ahí su lamento de hace dos meses cuando anunció la quiebra de la CIDH y pidió más cuotas a los países miembros. Lamento, por cierto, que coincidió con el fin de las cuotas extra (de a millón de dólares cada seis meses) que recibía del Estado mexicano por investigar el caso Iguala.
Tampoco extraña que haya quebrado a la CIDH, ya que se dedicó a hacer política interna en México con el caso Iguala (en lugar de trabajar en todo el continente) para conseguir una candidatura presidencial independiente en 2018, negociar una senaduría o encabezar la CNDH.
Ah, pero eso sí: hay que escucharlo criticar la zozobra de quienes buscan a sus familiares extraviados en México: “Abrían el libro para ver las fotografías de otros cadáveres, y entonces la revictimización que eso suponía, tenían que echarse el compendio del horror”.
Sí, mientras él se la pasaba en París.
¿Por qué? Porque la hipocresía se convirtió en deporte nacional.
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