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Opinión

La vida es breve, de ti depende su grandeza

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Sucedió hace tiempo, cuando sin tener en que trasladarse a orilla de una carretera un hombre esperaba la compasión de un transportista que respondiera al dedo pulgar levantado, cuya señal en esta parte de mundo es pedir por favor llevar a un sitio o acercar a un punto. Ya había pasado la mitad de una hora cuando por fin una camioneta blanca al mando de un conductor se detuvo al extremo de la carretera respondiendo a tan reconocido movimiento de mano.

El sitio era cercano a un crucero, pero solitario, se divisaba un panteón sin visitas también cerca de la carretera contigua y a metros una gasolinera y pocos caseríos.

Al acercase quien pedía el favor de trasladarse a la ventana abierta del conductor; de manera apresurada le dijo a donde iba, que para fortuna del beneficiario el destino del transportista era más retirado al lugar a donde iría. Pudo usar la caja trasera del vehículo pero el conductor pidió subiera adelante como copiloto. Desde que se detuvo aquella camioneta blanca el recién arribado ocupante pudo ver que se trataba de un vehículo oficial, correspondiente a esas unidades que para su trabajo usan quienes trabajan en dependencias de gobierno en las que se deben ir a diversas regiones alejadas. Y comenzó el saludo y la conversación hasta llegar al destino del hombre que tuvo suerte de ser apoyado para llegar a su destino después de una hora de camino.

Historias como esta las vivimos continuamente muy amable lector, y somos afortunados de que estos ejemplos dignifiquen la raza humano porque son actos de buen corazón y que se pagan con un gesto de oreja a oreja que llamamos sonrisa y con una palabra corta pero muy profunda que es un gracias.

La historia no termino ahí, quien pedía ser trasladado era un joven estudiante, el chofer un expresidente municipal que se dirigía a su pueblo natal y que viajaba de la capital del Estado en el que ocupaba un cargo en una área en la que debía visitar rancherías y comunidades debido  eso es que se trasladaba en ese tipo de unidad. El tiempo siguió la marcha y a invitación del prominente exlíder municipal quien así como abrió la puerta de la camioneta blanca, también presento al hombre de menos experiencia a su familia, sus amigos y su más cercano círculo de amistades.

Llegado el momento como a todo aquel que prueba la política, el exedil se volvió a presentar a una contienda y se hizo acompañar del nuevo integrante del grupo de amigos, aquel que conoció a bordo de carretera, la campaña parecía exitosa y promisoria al triunfo. Pero de pronto sucesos inesperados terminaron con la vida del candidato y con todo y su tristeza el joven debió seguir sus estudios y preparación. Desde luego agradecido de lo que en menos de un año pudo aprender de todo lo que por buena voluntad hizo un desconocido por enseñarle.

Historias como estas hacen nuestras vidas únicas y especiales, nos recuerdan que somos como arena suelta, que hoy estamos y mañana ya no, así como que debemos aprender y aprovechar cada momento. La historia ha sido breve y resumida, porque los espacio en medios son cortos pero sobre todo porque la vida lo es y muchas veces has de abreviar pero siempre recordar y saber que cuando ocupes que alguien se detenga ayudarte pasara, y si así no sucede entonces no esperes más y hazlo tú.

Por Tayde González Arias  /  Arena suelta 

 

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