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Opinión

Mireles: cocaína y marihuana

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En un alijo de armas de uso exclusivo del Ejército, cuatro bolsas de marihuana y medio kilo de cocaína, acabó el cuento de José Manuel Mireles para insuflar sus aspiraciones políticas en Michoacán, pasado por todos los partidos políticos desde 1986.

Ayer, tras su captura el viernes por posesión armas, PGR le configuró también la acusación por delitos contra la salud y es investigado porque cargaba documentos sobre depósitos y movimientos bancarios de origen dudoso.

Su caída es el derrumbe de una farsa en la que hizo creer a la izquierda y muchos defensores sinceros de derechos humanos, enlatada en un nombrecito de alientos a foco guerrillero de los años ‘60: Grupos de Autodefensa.

Pero Mireles y sus autodefensas eran iguales que los cárteles a quienes combatieron, con la diferencia de Mireles y las autodefensas dieron la cara y jugaron a la política en vivo y directo, no desde sombras tenebrosas.

Pero las autodefensas se trataban de lo mismo que La Familia, Los Templarios, Los Chelos de Coalcomán, Los Tirado de Apatzingán, Los Naranjo de La Huacana, Los Valencia de Zitácuaro o Los Valencia de Uruapan.

Su acierto fue diferenciarse por su experiencia política: en 1986 había ganado la candidatura priista para alcalde de Tepalcatepec (que al final le quitaron), en 2006 fue candidato a senador por el PRD y en 2007 candidato por Alternativa Socialdemócrata.

A diferencia de Dionisio Loya Plancarte, Enrique Plancarte, Nazario Moreno y La Tuta, Mireles estructuró un discurso de “el pueblo manda” y “sólo el pueblo puede defender al pueblo”, que no sólo encandiló a muchos adentró, sino afuera.

El diario El País de España le dedicó el foco grafico de una portada: una foto de Mireles en blanco y negro, con sombrero de fieltro y bigote atusado, que bien podría haber sido de uno de los dorados de Villa: oh, ese tipo de imágenes latinoamericanas que tanto gustan en Europa.

Mas, Mireles venía de ser un delincuente común: estuvo preso siete años y tres meses por narcotráfico. En 1988 fue procesado y en 1991 sentenciado por siembra, cultivo, cosecha, posesión y venta de mariguana, según el expediente 209/988, que se convirtió después en el II-233/988.

Luego apareció como líder de las autofedensas que portaban armamento que cuesta miles de dólares y son similares a los utilizados por las fuerzas de élite del Ejército de Estados Unidos: lanzagranadas M4 de mil 700 dólares y Barret 50 de 13 mil 500 dólares.

Mireles se trasladaba lo mismo en avionetas que en una flotilla de siete coches, custodiado por 35 hombres con rifles de asalto de uso exclusivo del Ejército y protegidos por cascos militares y exigió al gobierno coches con blindaje como el del Presidente.

Un falsario.

Por  / Columna 

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