Opinión
PRIÍSMO SIN CABEZA
No es la primera vez que se dan fricciones entre priístas, y regularmente las confrontaciones que se suscitan en sus grupúsculos, muchos de ellos facciosos, tienen coincidentemente un contexto de derrota electoral. Ya sin cabeza gubernamental que tome la última decisión, su legendaria disciplina priísta se disuelve y va a segundo plano.
Lo sucedido la semana pasada en el interior del congreso local donde al menos siete legisladores del tricolor desconocen a su lideresa de fracción, Adriana Hernández Íñiguez, es uno de esos procesos sintomáticos que evidencian el descabezamiento de su estructura. No es cosa menor cuando los liderazgos más representativos, como lo es Raymundo Arreola y el exalcalde moreliano, Wilfrido Lázaro Medina, se muestran abiertamente reacios a mantenerse bajo el liderazgo de su compañera de partido.
El actual dirigente del priísmo estatal, Víctor Silva, debería, en teoría, comenzar a mover sus escondidos dotes conciliatorios, y aunque su apagada personalidad hace dormir hasta al más activo de los políticos, no puede darse el lujo de perder la tambaleante supremacía parlamentaria.
Pero Víctor Silva tiene sus propios problemas, uno de ellos es un compañero de partido: Guillermo Valencia, quien está dispuesto a jugarle al opositor y conseguir la dirigencia del PRI de manera poco ortodoxa: por elección de base. Memo Valencia es una personalidad diametralmente opuesta a Silva. Memo se mantuvo en extremo combativo y hasta fustigador de las imposiciones del entonces llamado “Virrey” Alfredo Castillo. El fallido alcalde habría denunciado los abusos del otrora comisionado, y aunque le costó la chamba, también ganó algo de prestigio que hoy muchos reconocen. Víctor Silva, por el contrario, es un actor pasivo, un “espera instrucciones de arriba”, disciplinado y resignado. Y es esa su mayor apuesta para mantenerse al frente del tricolor: el liderazgo dócil que requiere Bucareli para mantener ese misterioso juego que le haga comparsa al gobernador Silvano Aureoles Conejo.
Es así que el priísmo evidencia la guía de un pastor que al menos le ponga orden al interior.
Wilfrido SUERTUDO (o en el lugar adecuado)
Por cierto, uno de los diputados priístas, el exalcalde Wilfrido Lázaro, es de los exfuncionarios que más observaciones de la Auditoría Superior de Michoacán tiene. Y claro, por ahora son solo observaciones que debería aclarar cuando ejerció como alcalde en la pasada administración municipal moreliana. El problema es que ahora como diputado cuenta con la facultad de ser parte de ese selecto grupo que tomará nota de esas mismas observaciones. O sea, difícilmente sería acreedor a una sanción si alguna de esas observaciones pasara a otro nivel.
Hasta la próxima
Por Alejandra Bravo / Opinión
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