Opinión
Pues no deja de ser un desperdicio
Alfredo Castillo está muy feliz por su designación como responsable del deporte olímpico nacional. Razones muy particulares tendrá uno de los mejores policías mexicanos del momento para contentarse con ser el director general de la Comisión Nacional de Cultura Física y Deporte.
No se trata de que la Conade constituya una responsabilidad menor: todo lo contrario. Sobre todo después de que México no pudo ganar los Juegos Centroamericanos y del Caribe del año pasado, en Veracruz, a pesar de competir como local y ser el país más desarrollado de la región.
Pero en México sobran los perfiles para ocupar esa posición, lo cual no sucede, en cambio, con las que tendría que desempeñar Castillo en las áreas de seguridad, procuración de justicia y sistema penal, por su muy especial cualidad de reunir la visión del policía y la del procurador.
Hombre instruido, con una atracción ferviente por los deportes, incluso por el arte, Castillo seguramente será un magnífico conductor de los destinos de nuestro deporte en los próximos tres años, con la meta que representan los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro en 2016.
Pero ello no deja de ser un desperdicio en el México convulso de hoy, con graves problemas de seguridad y de procuración de justicia, de policías municipales controladas por el crimen organizado, con cinco mil 98 personas no localizadas en 2014, graves casos de maltrato a migrantes…
Justo son esas áreas en las que Alfredo Castillo ha construido su éxito como servidor público, el más reciente como comisionado para la Seguridad en Michoacán, donde en poco más de un año consiguió el desmantelamiento de la estructura financiera y operativa del crimen organizado.
Al dejar el cargo por orden del Presidente, para no enrarecer el ambiente electoral en el estado, Castillo dejó la situación lista para la caída de La Tuta, que se produjo pocos días después de su partida, al obligarlo a vivir en cuevas y chozas en la sierra de Aguilillas, sin posibilidad de operar.
También consiguió abatir a dos de los principales líderes del cártel Los Caballeros Templarios: Nazario Moreno, alias El Chayo, y Enrique El Kike Plancarte; detuvo a 32 jefes de plaza e incautó 105 inmuebles de narcotraficantes, por valor de mil millones de pesos.
Además, capturó al priista Jesús Reyna, ex gobernador interino; a 225 servidores públicos, tres ex secretarios de primer nivel, ocho presidentes municipales, un tesorero, 11 directores de Seguridad Pública, tres subdirectores de Seguridad Pública y 150 policías municipales.
Castillo es un funcionario de la más alta confianza del Presidente, quien hasta ahora siempre lo comisionó para administrar crisis y que nunca le falló. Pero ahora se va al campo y la pista.
Qué lástima.
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