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Opinión

Que no hable quien no sepa lo que dice

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Sin duda uno de los procesos más primitivos entre los humanos como entre otras especies vivas es el quehacer de comunicarnos, Las señas, los gestos, la escritura y por supuesto el habla son instrumentos por excelencia para darnos a entender, para manifestarnos en cuanto a necesidades y gustos y disgustos personales y sociales.

Atreves de los años y debido al avance tecnológico nos hemos vuelto grandes mensajeros virtuales, las redes sociales nos han permitido acercarnos entre amigos con mucho tiempo sin frecuentarnos, a pesar de usar nombres por demás extraños o abreviados, ver la fotografía en sitios web de incidencia social masiva es una de las formas más comunes que en la actualidad está sucediendo.  

Las redes sociales han sido testigos de grandes encuentros y desencuentros, de sitios para el amor y desamor, para escribir lo que estamos haciendo o mal escribir el español para acabar con las palabras y abreviar artículos, verbos, sujetos y predicados. Sin el ánimo de caer el pesimismo desafortunados lo cierto es que no ha ayudado mucho a la escritura, por el contrario, parece que el tiempo en la red corre más rápido que lo que se quiere decir y entonces es más sencillo escribir “k” en lugar del habitual y correcto “que”. Por otro lado el sistema del habla es efectivo al considerar que siempre debe ir más rápido el cerebro que la boca y debemos saber lo que vamos a decir en el momento y hora adecuados. Hay personas que se excusan diciendo que están en confianza y repiten palabras, y usan aquellas que todo mundo dice como deseando estar a la moda o entrar en un círculo social; haga eso, sí, pero una vez que se trate de hablar con su familia, estando en la escuela o realizando una ponencia y siempre con las mejores y más atinadas palabras. Dice el dicho “dime como hablas y te diré quien eres” y hay razón en esa máxima debido a que el lenguaje es testigo fiel de lo leído, de tal suerte que debe usted leer y cultivar su lenguaje entablando el camino a la caballerosidad, la sensatez lingüística y sobre todo la llave a cualquier sitio o escenario en el que pueda y deba estar.

Hable siempre que pueda, pero sobre todo siempre que sepa lo que va a decir si le es posible antes de hacerlo ilústrese del tema o acuda a su experiencia de vida que siempre tiene algo de especial frente a otras historias de vividas, siempre debe evitar el lenguaje obsceno, grotesco, vacío o burdo, antes mejor abreve a los mejores términos, de ser necesario busque el significado de palabras que va a decir, pues no es suficiente serio el haberlas escuchado e otras bocas, resulta imperante saber que significan y tenga en cuenta que lo que se dice en un lugar y forja aplausos en otros le podían causar serios problemas.

Hablar es el arma por excelencia frente al desacuerdo, el debate enriquece y si está bien argumentado convence y hasta enamora, privilegie el dialogo por sobre cualquier tipo de violencia, no caiga en la provocación de quien se llene la boca de ofensas, recuerde que para pelear se requieren dos, no sea usted parte de conflictos de otros. Hable de manera serena y pausada y tenga cuidado de lo que vaya a decir pues, la flecha lanzada y la palabra dicha no hay manera de que regresen. 

Por Tayde González Arias   /  Arena suelta

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