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Opinión

Roger Waters y la cortina de humo

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No podría ser de otra manera. El sábado 01 de octubre me di cita en el Zócalo de la Ciudad de Méxicopara disfrutar el concierto gratuito de Roger Waters (si no hay varo, pues no hay varo). Allí me quedé de ver con dos muy buenos amigos del PRD en la Gustavo A. Madero: Isaías Villa González y Rafael Rodríguez Ávalos, grandes degustadores del rock progresivo. Rockeros de izquierda, pues. Quienes me conocen, saben que, ante todo, soy amigo de mis amigos.

Roger Waters, el artista

Yo no podía faltar. Mi infancia fue marcada por el rock progresivo de Pink Floyd. La culpa es de mis primos y de mis hermanos mayores. Yo tomando mi mamila y ellos tocando esa pinche música rara. ¿Cómo no quedar contaminado? Y luego me ponen a leer la literatura distópica de Huxley (Un mundo feliz),Bradbury (Fahrenheit 451) y Orwell (1984). Justo la literatura que inspiró la obra de los Pink.

Y todo mundo sabe que el genio musical de Pink Floyd fue Roger Waters. Entre las varias musicalidades que marcaron mi infancia estuvieron las producciones setenteras de ese grupo: The Dark Side of the Moon(1973), Wish You Were Here (1975), Animals (1977) y The Wall (1979). Lo mejor de los Pink, sin duda alguna. Hay algunos que opinan que, después de esto, todo fue decadencia. Casi coincido con este parecer.

Todo un viaje. Rock largo, profundo, intenso, pausado y psicodélico, con toques de bluescountry y folk.Rock progresivo, pues.

Todavía recuerdo las instrucciones metodológicas de la época: para escuchar en serio a Pink Floyd hay que meterse algo, aunque sea un par de caguamas. El rock progresivo concatena melodías y tonalidades diversas; y combina poética con patética. Razón por la cual se debe estar en plena sintonía con la obra.

El filósofo alemán Martin Heidegger (1889-1976) decía que para entender y apreciar al ser, se debía estar en total sintonía con él, cual si se tratase de un acto litúrgico. Para entender “algo” hay que estar en total frecuencia hertziana con ese “algo”. Al menos el arte no se entiende de otra manera. Esta idea resulta esencial para comprender lo que sucedió en la plancha del Zócalo de la Ciudad de México, el pasado 01 de octubre.

Waters hay que escucharlo con los ojos cerrados o bien abiertos, pero siempre alucinando a partir de los paisajes psicodélicos que provocan sus letras, extensibles éstos a sus pantallas gigantes de últimas fechas. Pantallas que se convierten en horizontes cósmicos para las mentes desorbitadas de todos quienes asisten a sus conciertos. Para fortuna de los asistentes del sábado, la lluvia favoreció el alucine. Una lluvia que pasó de suave a intensa. Y no, no fue un efecto especial.

Waters y su patético activismo

Waters es un artista de la música, de la poética. Pero de repente la caga cuando se mete de activista social. El arte rehúye la política. De hecho, la vomita. Las experiencias estéticas generadas por el arte rebasan, por mucho, el campo de la acción política. Pero Waters no lo ha entendido. Así ha sucedido a través de sus años más recientes.

¿Quién no sabe que Donald Trump es un pendejo, por ejemplo? Pero, ¡oh, sorpresa, señor Waters… la mayoría de los políticos son una caterva de pendejos! Ése, pues, no es el punto. El punto es que Donald Trump es un gran empresario metido a político que sabe perfectamente que el mundo se mueve en torno al interés económico. La gente quiere Money (título de una canción de los Floyd, por cierto), ante todoMoney. Y quien piense lo contrario es un pobre inocente.

Claro, Donald Trump es un pendejo; pero un pendejo que sabe perfectamente que la gente quiere, ante todo, MoneyTrump sabe que incluso todos los inmigrantes ilegales que cruzan el Río Bravo hacia losEEUU sólo buscan una cosa: Money.

Y sí, Trump sabe hacer Money, mientras Hillary Clinton sólo sabe pedirlo y gastarlo.

Pendejo Trump, claro, pero más pendejo Waters, que no sabe que incluso él se mueve básicamente por dinero. Más pendejo Waters que “ignora” que Pink Floyd jamás dejó de ser una empresa con sed y ánimo de ganancias.

¿Y cómo se atreve Waters a apoyar la causa de Palestina?

Claro, Israel es un pueblo fanático y violento, que ha hecho valer su poder a través del dinero y de las armas. Sin duda, ya lo sabemos. Eso está claro. Pero cuidado: los palestinos, en esencia, no son distintos a los israelíes. Son igual de fanáticos y violentos, sólo que no han tenido el poder ni la capacidad de daño que sí han tenido los israelíes.

El conflicto entre israelíes y palestinos sigue la fatalidad de las “guerras religiosas”. Apoyar a alguna de las partes es un error. Waters vive en el error al apoyar a Palestina: colección de fanáticos de inspiración y mayoría islámica. Si su violencia no se ha vuelto apocalíptica es porque Palestina no tiene ni el dinero ni el armamento para ello.

Si de veras queremos apoyar la causa de la paz entre los seres humanos, debemos aspirar a hacer desaparecer todas las religiones a través de la extinción civilizada de las mismas. Las religiones apestan y estorban. Las religiones, todas las religiones, sólo son colecciones de estupideces para descerebrados y para personas con baja autoestima. Waters se equivoca terriblemente al apoyar la causa de Palestina. Así de simple. Ni Israel, ni Palestina. Ésta debe ser la consigna, señor Waters.

Y, para terminar su faceta de activista, Waters le lanzó unas frescas al Presidente Enrique Peña Nieto. Colgándose de los desaparecidos de AyotzinapaWaters le mandó una indirecta: RENUNCIA YA. Pero, cosa curiosa, en su carta de final del concierto, no le pide la renuncia sino que se aplique en serio para dar cuenta de los miles de desaparecidos. Bueno, carajo, ¿en qué quedamos, pues?

Pero Roger Waters no pasa de la carta sensiblera, de la indignación golondrina y teatral. Gracias por la solidaridad, pero eso no sirve de mucho. El bajista ni siquiera se acercó a proponer las bases de la solución de nuestros problemas estructurales en materia de seguridad. ¿Por qué Waters no se pronunció a favor de la legalización de todas las drogas? ¿Acaso no le queda claro que gran parte de las desapariciones guardan relación directa con la irracional y siempre perdida “guerra contra las drogas”? ¿Acaso no sabe que para comenzar a restarle poder al crimen organizado hay que comenzar por legalizar, en su totalidad, el mercado de las drogas?

La solidaridad de Waters es inútil, porque sólo se fija en las ramas, no en las raíces.

¡Y, bueno, qué inocencia! El líder de Pink Floyd ni siquiera es capaz de aplicar su propia filosofía: Peña Nieto es una pieza más de la pared, es otro ladrillo del muro. Es perfectamente intercambiable. Su renuncia no cambiaría en nada al sistema.

Enrique Peña Nieto es sólo el publirrelacionista de un grupo amplio de intereses. Su renuncia es totalmente irrelevante. Nada cambiaría.

En el Estado de Guerrero, ya capturaron al ex Alcalde de Iguala, José Luis Abarca, y en su momento renunció el Gobernador Ángel Aguirre Rivero. ¿Ha cambiado algo sustancial en ese Estado?

Dan pena ajena las masas que salen a las calles a pedir la renuncia de Peña Nietono tienen idea alguna de cómo funciona un sistema político. Y Roger Waters adolece del mismo mal.

Además, Waters no miró el fenómeno en toda su complejidad. Lamentable que 43 normalistas hayan desaparecido. Muy penoso el hecho. Pero, ¿acaso Waters no está enterado de que los ayotzinapostambién forman parte del circuito de inseguridad pública e impunidad de México? ¿No se ha enterado de que los normalistas suelen robar camiones de pasajeros y camiones de mercancías, además de combustible? ¿Por qué sobre eso nada dijo, pese a que él mismo es empresario y sabe muy bien lo que significa generar riqueza?

Además, ¿acaso Roger Waters no sabe que los ayotzinapos se dejan influir por la mitología socialista, esa misma que ha sido motivo de su enojo y crítica como artista anti-totalitario?

Conclusión

Fue un enorme placer asistir al Zócalo de la Ciudad de México para escuchar a Roger Waters, el músico, el artista, el compositor. Una perla del rock progresivo a nivel mundial.

Pero fue muy lamentable escuchar al Roger Waters activista: tan simplón, tan poco enterado, tan inocente.

Y, claro, que no quepa la menor duda: el concierto de Waters fue una cortina de humo… ¡una cortina de humo generada por los muchos kilos de marihuana que se quemaron para la ocasión!

Como fumador pasivo (llegué a las 16:30 hrs. y el concierto acabó a las 22:30 hrs.), les juro que, desde antes del concierto, yo ya veía volando a los marranitos de Roger Waters.

   /  CIUDADANO CEROCOLUMNAS  /elarsenal.net

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