Opinión
Dylan: la contracultura al centro
Me han sorprendido más algunas reacciones sobre el premio Nobel de Literatura a Bob Dylan que la asignación del mismo. Me lo advirtió Marie José Paz quien fuera esposa de un Nobel:
-Se va armar, me dijo hace unos días. Ya verás las reacciones.
-¿Pero te gusta Bob Dylan?
-Claro que me gusta. Me descubrió muchas cosas que no conocía de la sociedad estadounidense.
Marie Jo escuchó por primera vez a Dylan con detenimiento cuando acompañó a Octavio Paz a dictar la charla Elíot Norton de 1971. La conferencia sobre la poesía se llamó “Los hijos del limo” y recuerda que en ese año se escuchaba a Bob Dylan no sólo en la universidad de Harvard sino en todas partes.
Hace un siglo Chesterton se quejaba del prejuicio que considera que los artistas de genio son incomprensibles por la profundidad de sus mensajes . Para él la realidad era otra. Los grandes artistas con la profundidad de un Dante convocan, se convierten con el correr de los años en una plaza pública. Son punto de encuentro, se transforman, como quería José Emilio Pacheco, en la voz de la tribu.
No me extraña que un autor de culto como Enrique Vila- Matas me haya comentado hace algunos años que la llamada “literatura compleja” sea un desastre: es una catástrofe me dijo, que los nuevos escritores no comuniquen, que no se lean y no se preocupen por eso.
Tampoco me extraña que ese escritor español, minucioso lector de James Joyce, haya rendido homenaje hace tiempo al nuevo Nobel de Literatura con su novela “Aire de Dylan” publicada en 2012. Para Vila-Matas el autor de “Blowin in the Wind” es la imagen más acabada del artista contemporáneo.
Algunos de los inconformes con el Nobel a Dylan lo fueron también por la designación de la periodista Svetlana Aleksievich hace un año.
¿De verdad creerán que las crónicas de Alexievich son inferiores a los cuentos y novelas tradicionales porque sus personajes son de carne y hueso y sus historias verdaderas? ¿Y qué decir de las canciones de Dylan que son más la voz de la tribu que cientos de libros de versos libres que sólo se sostienen por su supuesta complejidad? Con el tiempo las crónicas de Chernobil de Alexievich se seguirán leyendo como un cuento de terror y las canciones de Dylan seguirán convocando a nuevos indignados.
Es cierto que en este mundo de lectores silentes resulte un poco extraño que se otorgue el premio literario más importante a un cantante. Un cantante exitoso por lo demás que invisibilizó al poeta.
Los antiguos griegos cantaron en hexámetros sus historias, sus amores, sus desazones. Sobrevivieron por el eco que repitió sus versos de boca en boca. Quizá convenga ahora que las formas literarias convencionales sirvan para “comunicar” como busca Vila-Matas: para contar y cantar historias vivas.
Ojalá que la sacudida impuesta por el premio de Dylan y que nos hace ver la vitalidad de la contracultura nos sirva para recordar que las obras se miden no por géneros sino por la emoción que provocan.
Javier Aranda Luna. / ADMIN / COLUMNAS, RECOMENDADAS / elarsenal.net
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