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Opinión

Más allá del primer debate entre Cliton y Trump

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Las cartas están echadas. El primer debate entre Hilary Clinton y Donald Trump fue la cristalización de lo que hemos presenciado en los medios de comunicación desde hace ya algunos meses atrás.

Fue un resumen de los intentos por atraer al electorado distraído y confundido por las propuestas ortodoxas de quien podría ser la primera presidenta en la historia de los Estados Unidos y un compendio disparates mediáticos – ocurrencias del segundo con el mismo objetivo: cazar votos cautivos que hagan la diferencia en noviembre próximo. Ya en su editorial de días pasados, el periódico New York Times habló de ello. Nada nuevo, más allá de los ataques y descalificaciones mutuas que no son más que estrategias de golpeteo político y que se resume con el lema “el que pega primero, lo hace dos veces”.

No se presentaron propuestas novedosas, quizá se pueda destacar la buena preparación de Hillary en los temas tratados demostrando su experiencia política, pero al final, fue una gran decepción de ambos, sin embargo, lo que importa ahora es el impacto en la opinión pública una vez que pase la elección. Desafortunadamente no se tocó a profundidad el tema de la relación con México, salvo el económico (renegociación del Tratado de Libre Comercio de Norteamérica) pero la discusión de la política migratoria con respecto a millones de mexicanos que viven en los Estados Unidos pasó desapercibido (se limitaron a coquetear con la comunidad afroamericana). En eso deberíamos estar enfocados y quizá apoyar de alguna manera, los esfuerzos aislados de la comunidad mexico-americana en los Estados Unidos por detener a Trump. Aceptémoslo. El tiempo ha pasado y a dos meses de la elección queda poco espacio para operar. No se hizo nada en su momento.

Sabemos los que estamos en este lado de la frontera que la mejor, si podemos usar este adjetivo, o la menos dañina para México es la Señora Clinton, pero eso no garantiza que retome los temas y ejecute las políticas que precisamente ahora critica a la hora de ejercer el poder ante un eventual triunfo y con miras a buscar el segundo mandato. Los hacedores de plataformas de mercadotecnia política ya saben dónde están los temas más sensibles, candentes y lucrativos electoralmente hablando. Con Trump, ni hablar. El panorama con él nos llevaría al inframundo de la política y a un retroceso en la relación bilateral con efectos devastadores para el país, América Latina y el mundo. En cualquier escenario se pierde.

Lo peor de todo esto es que se sigue con la lógica de la recolección de simpatizantes (votos) por medio de instrumentos propagandísticos no muy diferentes a los que vemos (y veremos próximamente) en periodos electorales en México. Todo se limita al espectáculo, o mejor dicho a: “el prometer no empobrece” y el “ojos que te vieron ir, cuándo te verán volver”. Desafortunadamente las propuestas de política pública, es decir, promesas de campaña, están íntimamente ligadas con esta práctica. La forma de hacer política ya sea en Estados Unidos o en México, en donde antes de preguntar sobre el diseño e implementación de una propuesta, se vaya directo al cuestionamiento de “¿Y eso cuántos votos representa?” desvirtúa el ideal de nuestras democracias. No queda más que prepararnos a ver el siguiente capítulo de la tragicomedia denominada “debates y elecciones en Estados Unidos”. Ojalá y logren sorpréndenos.

 /  Por Dr. Adolfo Laborde.  /  COLUMNASLA COLUMNA  /elarsenal.net

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