Opinión
¿Quién es menos corrupto?
Ahora resulta que el tema de la corrupción ha ocupado las primeras planas de esta semana, pero no crea usted que leerá propuestas para combatirla, o un plan para hacer más eficiente la gestión de transparencia y rendición de cuentas, ni tampoco la creación de una muy cacareada Fiscalía Anticorrupción que sea pequeña pero profesional y eficaz.
No.
Los líderes de los partidos políticos se están disputando los espacios periodísticos para ver quién entrega más pronto –por lo menos mediáticamente hablando- las cabezas de los exgobernadores señalados como corruptos.
¿O es casualidad que al día siguiente de que el ahora gobernador con licencia de Veracruz, Javier Duarte, anunciara su separación del cargo a 48 días de terminar su gestión, el Partido Acción Nacional le retirara sus derechos militantes al exgobernador de Sonora, Guillermo Padrés, para que sea investigado y hasta procesado?
Por supuesto que no. En política no hay coincidencias, y menos ahora que a 19 meses de la elección presidencial las guerras de lodo entre partidos o intestinas dentro de ellos, buscan afanosamente el reconocimiento anticorrupción de los votantes.
Las ya célebres historias de incontables fechorías y abusos de los gobernadores Rodrigo Medina (Nuevo León), Roberto Borge (Quintana Roo), Javier y César Duarte (Veracruz y Chihuahua), Padrés Elías (Sonora), Reynoso Femat (Aguascalientes) y hasta Marcelo Ebrard, son utilizados con fines políticos y seguramente habrá negociaciones y pactos oscuros de cara a la elección de candidatos en el 2018.
Porque para nadie es un secreto que Enrique Ochoa, líder del PRI, trata desesperadamente de mandar un mensaje de renovación y limpieza tras los desastrosos resultados electorales de este año, en el que sus rivales panistas conquistaron 7 gubernaturas estatales -3 de ellas en alianza con el PRD- contra 5 que lograron retener los tricolores.
Tampoco que el presidente panista, Ricardo Anaya, trata de aprovechar esos resultados para perfilarse como candidato de su partido a la Presidencia de la República, aprovechando el cargo y los recursos que no tienen sus adversarios Rafael Moreno Valle y Margarita Zavala de Calderón.
No es un secreto que el jefe de gobierno de la ciudad de México, Miguel Ángel Mancera, hizo crecer el caso de las irregularidades –reales éstas- en la construcción de la línea 12 del metro para golpear a su antecesor Marcelo Ebrard (en el autoexilio), y apoderarse del PRD para ser también abanderado presidencial.
Antes de la alternancia del año 2000, los gobernadores priístas estaban bajo la férrea tutela del jefe real de su partido, el Presidente de la República. A partir de esa fecha, los ya de por sí virreinatos estatales caminaron solos y consolidaron un inmenso e incontrolable poder en todos los casos, porque tampoco Vicente Fox o Felipe Calderón pudieron meter precisamente en cintura a los gobernadores albiazules.
Antes de ese año 2000, cayeron gobernadores priístas como Mario Villanueva (QR, por narcotráfico), Rubén Figueroa (Guerrero, por el caso Aguas Blancas), Sócrates Rizo (N.L., por presuntos malos manejos), Jorge Carrillo Olea (Morelos, por la inseguridad) y Guillermo Cosío Vidaurri (Jalisco, por las explosiones en Guadalajara), pero lo hicieron por voluntad del todopoderoso Presidente de la República en turno.
El “deporte” ahora es señalar (y si se puede procesar) a exgobernadores que si bien merecen ser llamados a la justicia por corruptos, constituyen casos de un proceso de lucha política entre los partidos: así fue como pisaron la cárcel, abandonados por sus institutos, Andrés Granier (Tabasco) o Pablo Salazar Mendiguchía (Chiapas), Jesús Reyna (Michoacán) y Armando Reynoso Femat (Aguascalientes)
¿Y Andrés Manuel López Obrador? Bueno, pues cuando no persigue palomas en Guanajuato desacredita cualquier esfuerzo anticorrupción y desvía la atención por las obvias contradicciones en su declaración patrimonial y fiscal “3de3”, incluida la “demanda” contra el Wall Street Journal. Y hasta se da el lujo de decir que debatirá con los otros líderes partidistas (él lo es de Morena) si sus contrapartes firman una acta notariada “reconociendo que son los voceros de la mafia del poder”. ¡Válgame!
Total, que a nadie parece interesarle de verdad cambiar las cosas. Todo mundo dice que empieza por su casa pero es obvio que las cosas permanecen igual….o peor. Adentro o afuera. Y los procesos tienen fines políticos y no de justicia.
Durante los próximos días veremos nuevos escándalos relacionados con los nombres aquí relacionados y otros, como puede ser por ejemplo el caso del gobernador electo de ¡también Veracruz!, Miguel Ángel Yunes Linares, en el estira y afloja de partidos, líderes, legisladores, precandidatos y grupos de poder.
“Poder”: al final del día es lo único que les interesa. Todos son iguales.
Y, para ganar el voto, el juego parece ser: “¿quién es el MENOS corrupto?
*Periodista, comunicador y publirrelacionista
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