Curiosidades
El porqué de las coincidencias: entre la casualidad y la mano de Dios
¿Cómo podemos definir una coincidencia? ¿A qué se debe que unas personas sean un imán para las casualidades y otras no? La respuesta está en la estadística o en Dios, dependiendo de cada uno.
Seguramente alguna vez le ha pasado que estaba pensando en un amigo y en ese preciso momento recibe una llamada suya. O que se ha topado con el amor de su infancia en el lugar menos esperado. La vida está llena de coincidencias y, aunque pueden parecer ilógicas e irracionales, científicos de varios campos han intentado resolver el enigma de por qué ocurren.
En su libro ‘Methods for Studying Coincidences‘ (Métodos para estudiar coincidencias), publicado en el 1989, los matemáticos Persi Diaconis y Frederick Mosteller querían definir las coincidencia como ‘casos excepcionales‘, pero prefirieron describirlas como ‘una inesperada concurrencia de circunstancias que se percibe como significativa’. De manera que desde un enfoque matemático y estadístico las coincidencias no son nada excepcional. En el planeta hay 7.000 millones de personas, lo que significa que las probabilidades de que a alguna de ellas le ocurra algo ‘extraordinario’ son muy alta, ya que según las leyes matemáticas “cuando el número de muestras es muy elevado las posibilidades de que se dé una situación son muy altas”.
Es decir, si muchas personas compran boletos de lotería, seguramente alguien ganará el premio. Y para el afortunado será una coincidencia muy agradable o una demostración de la bondad divina, dependiendo de su punto de vista. Pero desde la perspectiva de la estadística no hay nada sorprendente en ganar la lotería. “Una coincidencia es lo que ve cada uno”, dice David Spiegelhalter, profesor de la Universidad de Cambridge. Esto significa que un hecho absolutamente corriente se convierte en algo extraordinario en función de cómo la percibe cada persona. Durante sus experimentos la psicóloga Ruma Falk llegó a la conclusión de que las personas creemos que las coincidencias que nos han sucedido a nosotros son más inesperadas que las que les han ocurrido a los demás. Esto subraya la naturaleza subjetiva del fenómeno de las coincidencias. Por la misma razón, algunos de nosotros prestamos atención a las casualidades, mientras que para otros pasan inadvertidas.
Bernard Beitman, psiquiatra y profesor de la Universidad de Virginia, EE.UU., descubrió a lo largo de sus prácticas profesionales que determinados rasgos de personalidad influyen en la frecuencia con la que una persona experimenta coincidencias. Las personas religiosas y espirituales que buscan el sentido de la vida las viven habitualmente. Beitman también asegura que en momentos de frustración, inquietud o tristeza somos más propensos a prestar atención a los acontecimientos que luego llamamos ‘coincidencias’. El psiquiatra concluye que si buscamos explicaciones a los hechos nos encontramos entre el dilema de atribuirlos a la ‘casualidad’ o a ‘Dios’, y decidir por qué nos inclinamos depende de nosotros.
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