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Opinión

100 años de periodismo mexicano

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Me llena de nostalgia la conmemoración del emblemático primer siglo de dos medios de comunicación que son referencia en el periodismo mexicano, y me lleva a la reflexión de todo lo que implican 100 años de historia en torno a una actividad que me ha apasionado toda mi vida.

El Universal celebra estos días su centenario y lo hace, como debe ser, con bombo y platillos. Paradójicamente, al mismo tiempo que abre una exposición para presumir su vasta hemeroteca, 2016 es un año en que ha consolidado un indiscutible liderazgo en su oferta periodística electrónica, con un sitio web que es el principal portal de noticias en México, con millones de visitas y consultas diarias.

Por su parte, Excélsior –casi desahuciado hace una década y rescatado por un grupo empresarial multimedia- prepara su festejo correspondiente para el año que entra mudándose de la legendaria esquina donde ha estado la mayoría de sus casi 100 años de vida, en Reforma 18 y Bucareli.

Estas paradojas no son sino símbolo de un largo proceso evolutivo que bien representa el desarrollo de la actividad periodística en nuestro país, desde los años postrevolucionarios hasta la aldea global que soñó Marshal McLuhan y que hoy es una impresionante realidad de interacción noticiosa en tiempo real, 24 horas al día y 365 días al año.

Hasta donde me da la memoria recuerdo que Excélsior llegaba puntual y madrugadoramente todos los días a mi casa paterna. Puedo decir que aprendí a leer más en sus páginas que en los libros de texto de mi educación básica.

Recuerdo haberme impactado por la portada que daba cuenta de la llegada del hombre a la Luna; o del atroz crimen de don Gilberto Muñoz Muñoz y su esposa Asunción Izquierdo (después se supo que el asesino había sido su propio nieto); o del accidente aéreo en el aeropuerto de Santa Cruz de Tenerife entre dos gigantescos Boeing 747, o del alcance entre dos convoyes del Metro capitalino en la estación Viaducto, muy cerca de donde yo cursaba mi primaria.

Cómo olvidar las cubiertas con la información –más sesgada una que la otra-  de la matanza del 2 de octubre de 1968, y de la inauguración de los Juegos Olímpicos de México un par de semanas después.

Luego supe del golpe de la cooperativa de Excélsior contra su director Julio Scherer García (1976) en un hecho que marcó un parteaguas en la historia del periódico y cuyos detalles conocí pocos años después como estudiante de comunicación en las páginas del imprescindible libro “Los Periodistas”, de Vicente Leñero.

Llegan también mis recuerdos sobre los primeros pasos que di, profesionalmente hablando, en la oficina de prensa de la Universidad Nacional Autónoma de México, hace 32 años.  El Universal y Excélsior se disputaban lectores y los comunicadores institucionales mandábamos la información con un raro aparato llamado telex, que transmitía cintas perforadas que llegaban a su destino con una impresión letra por letra en la terminal receptora.

Tengo clarísimas también las primeras planas de ambos diarios para dar cuenta de la terrible explosión en el barrio de San Juanico, rodeado de gaseras, o del terremoto de septiembre de 1985 que devastó gran parte de la zona centro de la ciudad de México.

Luego, el fax, que pasó rápidamente al desuso ante la llegada de las primeras computadoras personales, de los correos electrónicos y del teléfono celular, que nadie imaginó que después serviría casi para todo, menos para hablar por teléfono.

Las grandes crisis recurrentes a partir de los ochenta implicaron ajustes, recortes, reinvenciones, pero Excélsior y El Universal siguieron adelante, como lo hicieron ante la revolución de las tecnologías de la información.

Ya he comentado la relevante forma en que El Universal afrontó el reto de la era digital.  Excélsior tardó porque el fin de la era de Regino Díaz Redondo implicó una prolongada decadencia que lo tuvo al borde de la desaparición, hasta que fue comprado por Grupo Imagen, que ahora despliega una gran capacidad de inversión en tecnología y talento para convertirse en una empresa periodística multiplataforma que en unos días más lanza su cadena nacional de televisión abierta, la tercera en México.

Historia pura: del país, del mundo y del desarrollo de los medios de comunicación en sí mismos. Hoy no nada más son los periódicos sino sus sitios web, sus cuentas de Twitter y Facebook, o sus transmisiones de imágenes grabadas o en vivo.

Felicidades, pues a Juan Francisco Ealy Ortiz y Juan Francisco Ealy Jr, a Francisco Santiago y a David Aponte. Y tantos nombres de quienes hicieron posible la historia de El Universal a partir del 1 de octubre de 1916.

También felicidades por su cambio de sede y su nuevo gran proyecto a Olegario Vázquez Raña y Olegario Vázquez Aldir, a Ernesto Rivera, Mario Pintos, Pascal Beltrán del Río y Gerardo Galarza.  Ellos celebrarán el centenario de Excélsior el 18 de marzo de 1917 y también recordaremos la larga lista de notables que pasaron por la vieja “Esquina de la Información”.

Alejandro Rodríguez Cortés  /    / COLUMNASCÓNCLAVE /  elarsenal.net

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