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Opinión

El interino de Guerrero “le hace al Gandhi”.

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Fue hace como diez días. Iñaky Blanco Cabrera, procurador de Guerrero,  llegó a las oficinas de Tomás Zerón, director en jefe de la Agencia de Investigación Criminal de la PGR.  La relación entre ambos era excelente.  Tanta era la confianza, que se trataban mutuamente de “mi rey”.

 Su amigo lo había citado  a las 12 y media del día.  Pero le cambió la hora. Decidió entonces meterse a comer al Restaurante Guadiana –a escasos metros de la sede de la PGR– para hacer tiempo. Allí se dio cuenta de que 16 agentes lo vigilaban. Terminó, pagó la cuenta, salió del local, y se dirigió a  uno de sus vigilantes.  “¡Que mal haces tu trabajo! Voy a ver a tu jefe”, le dijo burlón.             

Blanco no sabía lo que le esperaba. Zerón le soltó la verdad apenas lo vio. “Necesito que declares”, soltó. La sorpresa fue mayúscula. Iba en calidad de amigo. Su cara lo decía todo. El Jefe de la AIC se dio cuenta del desconcierto de  Iñaky. “No me lo tomes a mal, pero necesito que  me digas todo lo que sepas de los vínculos del gobernador Aguirre con la delincuencia”. 

El  procurador de Guerrero no escondió su molestia. “Es tu tema, investígalo…”, le dijo. —No  te enojes—pidió Zerón—Me ofendes—reviro Iñaky. Allí lo tuvieron desde las cuatro de la tarde hasta el las 12 horas del día siguiente.   

¿En calidad de que? preguntó Blanco, sin obtener una respuesta clara. Le hablaron de la existencia de un Víctor Aguirre, del Cartel Independiente de Acapulco.

“Dicen que es su primo”, le dijeron. Pero Iñaky nada sabía. Nada les pudo decir.  Transcurrido el lapso mencionado lo dejaron ir.  “Estás limpio”, le dijeron.   Poco después, el mismísimo procurador Jesús Murillo le pidió  disculpas y sugirió que continuara al frente de la Procuraduría Estatal.

 Allí sigue. En el entorno de Ángel Aguirre dicen tener identificado el origen del borrego sobre los amoríos del gobernador con licencia con María de los Ángeles Pineda, esposa del ex edil d Iguala, José Luis Abarca.   

“Ese chisme de mal gusto lo inventó el  ex gobernador Rubén Figueroa”, nos aseguran.  Las cosas van de mal en peor en Guerrero, pero el gobernador interino, Rogelio Ortega Martínez  dice que “lo grave ya pasó”.   El Congreso del Estado se sumó ayer a la colección de  instalaciones oficiales incendiadas por los maestros de la CETEG. 

 Quemaron el salón de Plenos; quemaron cinco carros en el estacionamiento, destrozaron mobiliario.  

La Contraloría de la SEP en Chilpancingo  también fue abrazada por las llamas. No se entiende el pasmo del mandatario interino.  Si ya quemaron el Palacio de Gobierno en Chilpancingo, el Ayuntamiento de Iguala, las sedes del PRI y del PRD ¿Por qué no resguardan los edificios públicos? 

El góber Rogelio  se niega a utilizar la fuerza púbica para evitar  el vandalismo. Lo declaró a los cuatro vientos.  “Prefiero renunciar, antes que meter a la policía ”, dijo el pasado martes. Así que a romper y destrozar, que nada les va a pasar.
La actitud del interino preocupa en serio. 

 “Le está haciendo al Gandhi. Nada más que Guerrero no es la India”, nos dijo, mordaz,  un ex alto funcionario del gobierno de Guerrero. “No se trata de reprimir, sino de hacer valer el estado de derecho”., puntualizó. 

La fuente recordó que en tiempos de Ángel  Aguirre, los maestros de la CETEG nunca pasaron del Centro Comercial  La Isla, ubicado cerca del aeropuerto.   El gobernador con licencia contaba solo con 1500 policías antimotines. Insuficientes.

Pero se apoyó en cinco mil taxistas dispuestos a defender la chuleta, cuando intentaron tomarle el estratégico lugar.      

Los ayotzinapos desistieron. 

 El gobierno federal no se queda atrás. Elementos federales asistieron impávidos a la toma del aeropuerto de Acapulco durante tres horas y media.  El Ejército, la Marina y la Policía Federal les toca resguardar esas estratégicas instalaciones. La orden era no intervenir, para no calentar. Había un acuerdo de que  solo lo ocuparían  tres horas.    

Nos cuentan que la elección de Rogelio Ortega, secretario general de la Universidad de Guerrero,  fue cosa de Los Chuchos. El rector Javier Saldaña de esa casa de estudios estaba apuntadísimo.

El quería ser. Pero la dirigencia del PRD no le tenía confianza.  Se movía en dos pistas. “Este nos va a vender con el PRI”, comentaron los de Nueva Izquierda.  “¿Cómo ves a Rogelio Ortega? Preguntó Jesús Ortega, el Chucho Mayor, al todavía gobernador Aguirre. “Ni bien, ni mal. Creo que es un hombre decente. Abona su trayectoria”, le dijo. Y le dieron para adelante.

El interino no se la esperaba. Buscó a Aguirre. Le dijo: “Yo no estaba en esta, pero voy si usted me apoya”. Ya con las maletas en mano el todavía gobernador  le dio su  respaldo, a condición de que continuara con programas que  había iniciado como el Acabús o el Macrotunel. 

Y así eligieron al improvisado.  Fuentes confiables nos aseguran que ni Miguel Osorio Chong, titular de la Segob; ni Jesús Murillo Karam, Procurador General de la Republica,  quisieron que el gobernador Ortega estuviera en la reunión que sostuvieron en el aeropuerto de Chilpancingo , el pasado martes,  con  padres de familia de los normalistas “desaparecidos”. 

Y es que el interino hizo unas desafortunadas declaraciones que lo invalidaron  como interlocutor.  Dijo púbicamente: “Los ayotzinapos pasaron de víctimas a victimarios.”

* * *Alfonso Ramírez Cuellar, líder del Barzón Nacional,  se va del PRD.  Dice que ese partido sucumbió al poder del dinero.En su carta de renuncia, dirigida a Carlos Navarrete, presidente del Sol Azteca,  señala  que  “no tiene caso seguir”.

“En muchos Estados –agrega– ya se renunció a ser oposición y se cancela la obligación de constituir los contrapesos suficientes al abuso de poder. El Partido se quedó sin nada que decir, y en muchos lados, en verdad, ya no dice nada”, recalco.

FIN. 

POR  / elarsenal.net

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