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Opinión

Un debate muy batido

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Escribo esto desde China, donde los medios de comunicación de este país apenas mencionaron el segundo debate entre Clinton y Trump.

Se concentraron en la visita de Putin a Turquía o los sucesos trágicos en ese país, Yemen y en Siria o el nuevo orden financiero económico internacional con el ingreso del yuan a la canasta de monedas del Fondo Monetario Internacional (FMI). Problemas y sucesos de la realidad internacional que apenas se tocaron en ambos debates. Al parecer, los temas sensacionalistas siguen siendo parte del guion de los candidatos. Se continua desdeñando el tema de la política internacional y todo gira alrededor de los temas locales, incluyendo los escándalos de Trump multicitados en los últimos días. México solo se asomó indirectamente cuando se criticó el Tratado de Libre Comercio de Norteamérica (TLCAN), pasando por la política comercial de China, pero no así lo concerniente a la política migratoria con respecto a nuestros paisanos. Quizá estén dejando esto para el platillo fuerte que será el tercer debate. Hablemos de la importancia del debate para México en los siguientes dos años y el papel de los comentaristas, expertos, analistas o como se les quiera llamar en ello.

La vecindad con los Estados Unidos ha sido y será un elemento de suma importancia para México. Eso no lo podemos negar. Las elecciones del vecino país y la parafernalia que despiertan en algún sector del público de México y de nuestra comentocracia, es parte de ello. No es fortuito que muchos de los actores políticos del país, así como los “grandes conocedores o especialistas”, simpatizantes o no, del vecino del norte se comportan como todos unos lectores de tarot o cartas a la hora de emitir sus opiniones antes, durante y después del debate. Lamentablemente, salvo algunos casos contados, la mayoría se equivoca o recapitula una serie de obviedades recogidas de otros comentaristas, periodistas o analistas que escuchan. Todo un círculo vicioso que lleva a un resultado parcial o equívoco.

Lo mismo sucede con los medios de todo el mundo, desde China hasta Groenlandia. Esto se ha convertido en un simple espectáculo aderezado por los escándalos y acusaciones mutuas. Lo que se vio en el segundo debate, fue precisamente eso, un espectáculo mal montado en donde de lo esencial se habló poco o nada. Un recorrido de temas que iban y venían sin orden ni sentido. La elite comentocrática ya habla de empate técnico o una ligera ventaja para Clinton quien desperdició la oportunidad para darle el golpe final que dejará fuera de la contienda a su adversario electoral. Quizá tengan razón, sin embargo, pocos analistas serios han abordado el tema del debate en su perfecta dimensión. Es una pena que un evento donde la idea es precisamente medir el nivel y manejo de ideas de los candidatos se haya convertido en una simulación. La oratoria y la argumentación han sido derrotadas. Lo alarmante de esto, es el peligro que se corre en nuestro país de que este fenómeno se transfiera (mimetice) a la realidad de las campañas políticas con miras al 2017 (Estado de México) y para el 2018 (elecciones presidenciales) que muy pronto estarán en la mira de los suspirantes. Ojalá que lo que en México acontezca no termine en en debates muy batidos, tal es el caso de lo que presenciamos el día domingo. En eso, nuestra comentocracia tendrá un papel muy importante.  Bienvenidas las ideas, no la comedia.

   / Dr. Adolfo Laborde / LA COLUMNA  / elarsenal.net

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